Tú también eres, oh palma, en este suelo extranjera... Abdurrahman de Córdoba
Desde los antediluvianos y enormes secuoyas alanceados por veloces autopistas en la polvorienta California de fray Junípero Serra, hasta el humilde sauce que saluda el aire de mi jardín, siempre me han seducido los árboles que, con fronda rumorosa, han sombreado remotos días de una infancia que creía hundida en la soledad de caminos jamás transitados por nadie. Plenos de dudas, cargados de consuelo, siempre a punto de decirme algo. Arboles visitados en meditadas, largas caminatas, frescas pascanas de descansado sueño que, de pronto, solían aborregarse en oscuras nubes, lloviendo su ansiedad y desconcierto: ¿Es que esto somos? ¿Para sólo morir hemos nacido?...¿Para sólo morir, morimos tanto?
No fue sino hasta que leí el Tercer diario de Arguedas (El zorro de arriba y el zorro de abajo, l969) que comprendí el sentido de esas presencias angelicales y recordé también haber leído, sin entender, mecido solamente por su música verbal, el soberbio Libro de la Naturaleza de Vallejo (1937):
Profesor de sollozo -he dicho a un árbol - palo de azogue, tilo rumoreante, a la orilla del Marne, un buen alumno leyendo va en tu naipe, en tu hojarasca, entre el agua evidente y el sol falso, su tres de copas, su caballo de oros. Rector de los capítulos del cielo, ... ... ... Técnico en gritos, árbol consciente, fuerte, fluvial, doble, solar, doble, fanático, conocedor de rosas cardinales,... ... ... ... Oh profesor, de haber tanto ignorado, oh rector, de temblar tanto en el aire, oh técnico, de tanto que te inclinas oh tilo ! oh palo rumoroso junto al Marne !
Y ahora, de pronto, las palabras, los versos, se me abrían como sésamos encantados, y comprendía con claridad meridiana esa invocación, esa letanía propiciatoria que me llevaría al corazón del aire encerrado en la fronda, al rumor de las hojas musitando la secreta cifra del universo, al turbión de la savia circulando en los vasos, a la entraña de esa madera tibia y turgente, y recordé entonces, comprendiendo, el haiku de Ryota (1630):
vuelvo irritado, mas luego en el jardin: el joven sauce...
Dice Arguedas:
El pino de ciento veinte metros de altura que está en el patio de la Casa Reisser y Curioni y que domina todos los horizontes de esta ciudad intensa...llegó a ser mi mejor amigo... A dos metros de su tronco poderoso, renegrido, se oye un ruido, el típico que brota a los pies de estos solitarios...Desde cerca, no se puede ver mucho su altura, sino sólo su majestad y oir ese ruido subterráneo... Le hablé con respeto...Oía su voz, que es la más profunda y cargada de sentido que nunca he escuchado en ninguna otra cosa ni en ninguna otra parte. Un árbol de estos, como el eucalipto de Wayqoalfa de mi pueblo, sabe de cuanto hay debajo de la tierra y en los cielos. Conoce la materia de los astros, de todos los tipos de raíces y aguas, insectos, aves y gusanos; y ese conocimiento se transmite directamente en el sonido que emite su tronco...a manera de música, de sabiduría, de consuelo, de inmortalidad. Si te alejas un poco de estos inmensos solitarios ya es su imagen la que contiene todas esas verdades...meciéndose con la lentitud que la carga del peso de su sabiduría y hermosura...le imprime...Este pino renegrido, el más alto que mis ojos han visto, me recibió con benevolencia y ternura. Derramó sobre mi cabeza feliz toda su sombra y su música...intensa y transparente de sabiduría, de amor, así, tan oníricamente penetrante, de la materia de que todos estamos hechos, y que al contacto de esta sombra se inquieta con punzante regocijo, con totalidad. Yo le hablé a ese gigante.”
De modo que esos eran los músicos, callados contrapuntos que desde antiguo amanecían a mi imaginación! Ahora lo sabía! Y si así les hablábamos...si así nos poníamos bajo su dulce amparo...¿qué secretas consignas, qué callada sabiduría nos entregaban en la penumbra sonorosa de sus ramas?
Arguedas, exilado en Arequipa, ajeno a sus molles y eucaliptos, frente a un pino también lejos de su colonia de coníferas. Vallejo, en insólito ostracismo sobre un afluente del Sena, bajo la sombra mansa de un blanco tilo, lejos de sus Andes maternos. Ryota, huyendo de su propia furia en la ternura de un delicado sauce recién venido ...
¿No será, acaso, que el lenguaje de estas criaturas, lenguaje que supimos y olvidamos, es el lenguaje del desarraigo, de la desolación?
Desarraigados -sin raigambre- y desolados -sin suelo- ¿no somos acaso dignos de compasión? De la infinita pasión en que la sintonía con el universo nos envuelve, nos agita y arrastra? ¿ Cuál otro puede ser el idioma de estos hermanos, de estos broches mayores del sonido?
Abolida la conciencia diurna que nos configura, dándonos la ilusión de ser distintos, separados del ser; esfumada la ingenua posesión de una conciencia única, apartada del ser social y natural en que siempre nos disolvemos como el agua en el agua; acercados a ese ser apenas sensitivo... ¿no somos acaso ese sueño, esa imprecisa madera de la que estamos hechos? ¿No somos esa infinita sed de esencia, de peso y de raíces con que tejemos nuestra ilusión de patria?
Será por eso que pide Octavio Paz, en su Piedra de sol (1964):
Un sauce de cristal, un chopo de agua, un alto surtidor que el viento arquea, un árbol bien plantado mas danzante, un caminar de río que se curva, avanza, retrocede, da un rodeo, y llega siempre, un caminar tranquilo...
Reconocido escritor chileno que ha publicado, entre sus libros más polémicos, Para leer el Pato Donald (con A. Mattelart), aguda crítica marxista al imaginario de las historietas yanquis en Latinoamérica, hace pública una inesperada confesión del comentario que hiciera a viva voz a JM Arguedas sobre “los zorros”, poco antes del disparo fatal. Dorfman se arrepiente de su soberbia de escritor bisoño en este texto cuya belleza acongoja. VH
'Sin permiso', Santiago de Chile, 18/01/2011*
"Cien años han pasado desde aquel 18 de enero de 1911 en que vino al mundo el fundacional escritor peruano José María Arguedas, un centenario que me permite, por primera vez, confesar que tengo con él una deuda que no acabo de pagar.
Hoy, cuando la especie se encamina hacia el apocalipsis, no hay nadie más vivo que José María Arguedas. Hay otra humanidad posible, la del amor a la naturaleza de la cultura de los Andes. Muchos de los que tuvimos el privilegio y el goce de ser sus amigos tenemos una deuda parecida: este novelista y antropólogo que revolucionó el campo literario latinoamericano y modificó drásticamente la manera en que percibimos a los pueblos originarios del mundo terminó, desesperado y deprimido, suicidándose en Lima a la edad de 68 años -la misma edad que, extrañamente, detento yo ahora que por fin asumo públicamente la culpa personal que me toca en su prematura desaparición-.
Pese a que me llevaba más de tres décadas de ventaja, fuimos entrañables amigos. Gracias a los buenos oficios de Pedro Lastra, y de los Arredondo, la familia chilena de la mujer de José María, pude intimar con él después de haberlo leído con encanto y también con algo de desasosiego ante el abismo de perversidad que revelaba en un Perú que maltrataba y despreciaba a las candentes mayorías indígenas. Tuvimos largas conversaciones, lo escuché cantar huaynos en quechua, lo vi danzar hasta el amanecer, llegué a entrevistarlo varias veces y finalmente produje un ensayo sobre su obra que él refrendó, y esa empatía mía con su literatura y persona lo llevaron a llamarme hermano, parte de la misma lucha por la belleza y la justicia y la verdad.
Apreciaba mis opiniones. No lo digo para vanagloriarme, sino porque es indispensable para asomarse al desenlace de nuestra relación. Apreciaba mis opiniones, repito, y fue por eso que, en octubre de 1969 -¿o puede haber sido en septiembre o a principios de noviembre?- me avisó de que venía a Santiago y que quería verme, “por algo importante”. Lo que le desvelaba, me explicó, cuando finalmente nos encontramos, era su nueva novela, El zorro de arriba y el zorro de abajo, aún inconclusa.
-Necesito saber lo que piensas, Ariel. No se asemeja a nada que haya escrito antes.- Y me pasó un grueso manuscrito, pidiéndome que lo leyera pronto para que pudiéramos conversar antes de su retorno al Perú.
Me pasé los días siguientes, y buena parte de las noches, sumergido en las arenas de ese libro monumental. Mi primera impresión fue de espanto: comenzaba José María por advertir al lector, en un diario de vida que no tenía nada de fingido, que recientemente había tratado de suicidarse. Similares revelaciones sobre su crisis, su incapacidad de seguir escribiendo, se reiteraban en el resto de la novela, cuyo núcleo central, sin embargo, estaba constituido por una ardua y alucinada narración sobre Chimbote. Me sentí atraído -no lo pude evitar- más por el dolor lúcido del amigo fidedigno e histórico que por los personajes que deambulaban por un puerto degradado y a la vez mítico, una insaciable ciudad de pescadores en que figuras legendarias se cruzaban con locos y prostitutas y enviados del imperio y migrantes de la sierra. Si entendía demasiado bien lo que pasaba con mi querido José María, sus hombres y mujeres ficticios carecían, en cambio, de la envergadura emocional de sus escritos anteriores y la prosa en que respiraban me pareció desconcertante, opaca, enmarañada. Algo que siempre me había fascinado de Arguedas era su estilo espléndido, fruto, como su vida misma, de su ser mestizo, su existencia precaria a horcajadas entre dos mundos, el blanco y el indio, forjando en el lenguaje mismo un modelo de cómo la cultura autóctona podía revertir el sentido y flujo de la conquista, podía apoderarse de la palabra. En todos sus libros precedentes había construido una sintaxis deslumbrante, tensionada entre la luz y la oscuridad, la alegría y el desconsuelo, permitiendo que sus lectores se asomaran, sin dejar el castellano, al mundo andino prohibido y ultrajado. Leerlo siempre había sido, por lo tanto, una experiencia inolvidable y única. Pero Arguedas, aparentemente, había llegado a la conclusión de que era una experiencia demasiado cómoda, hasta acomodaticia. Porque en la novela de los zorros abandonaba toda pretensión de que se lo entendiera con claridad, entorpecía ese placer transcultural, había decidido salirse de las fronteras habituales de lo reconocible para un lector sumido, como yo, en la tradición occidental y moderna. Era, para ser franco, una novela quechua y, para mi mala fortuna, me sentí extranjero, dislocado, en ese mundo.
Se lo dije. Haberlo callado hubiera sido más piadoso con un hombre que sufría una depresión psicológica tan catastrófica; más piadoso, sí, pero indigno de él y de nuestra relación basada en la lealtad y la transparencia. Le conté, entonces, durante una larga tarde que pasamos, recuerdo, al interior del auto que mi padre me había prestado para que lo visitara, desmenucé lo que me había conmovido en su obra nueva y también lo que estimaba confuso y enrevesado, aquello que necesitaba -sí, eso es lo que le dije yo, a los 27 años de edad, a este magnífico escritor que había hecho cantar a los ríos y era hermano de las montañas- más trabajo, más coherencia, más organicidad narrativa.
Si le dolió mi opinión, fue demasiado gentil para hacérmelo saber. Dijo que tomaría en cuenta esos comentarios, y que le había dado mucho que pensar. Y nos despedimos con el abrazo de siempre, como si nada.
Unas semanas más tarde, un mes más tarde, más tarde, más tarde, demasiado tarde y demasiado temprano, a fines de noviembre de 1969, me llegó la noticia de que se había disparado un tiro en la sien en la Universidad Agraria de Lima. Recordé algo que me había susurrado en alguna lejana madrugada: “Si no puedo escribir, mejor es no estar vivo”. En efecto, había completado su novela con su propia muerte.
No soy tan arrogante como para pensar que si le hubiera alabado, ay, si le hubiera entendido, su texto, podría haber evitado su sacrificio. Pero de todos modos me reproché entonces y me seguí reprochando durante décadas el hecho de que no me rajé el corazón, no abrí los ojos hasta el cielo, no me desgarré el alma, no salté el despeñadero que nos separaba. No supe estar a la altura de su visión y su amistad, no fui capaz de aceptar con humildad el regalo híbrido y ambicioso y trastornante que me estaba ofreciendo a mí y al mundo.
Pero el centenario de su nacimiento no debería ser ocasión únicamente para expiaciones. Debe ser, ante todo, una celebración, el recuerdo de que su obra y su vida se fundaban en una apuesta primordial: que la cultura de los Andes -imbuida de amor a la naturaleza, moral y estéticamente superior a quienes la sojuzgaban- era capaz de salvar a la humanidad contemporánea presa de un progreso avaro e insensato que se erige sobre la explotación de la tierra y de nuestros semejantes, la apuesta todavía vigente de que hay otra humanidad posible.
¿Hay alguien más vivo que Arguedas hoy? ¿Hay alguien más relevante en este tiempo en que la especie se encamina hacia el apocalipsis? ¿Hay alguien que escribió con más lucimiento y grandeza sobre lo que significa vivir y morir y sobrevivir en nuestra encrucijada inacabable?
Tengo una deuda contigo, José María. Lo que he descubierto, ahora que tengo la edad tuya cuando nos dejaste, es que es también una deuda que tenemos todos, he descubierto que nos toca volver a leer los profundos ríos de tu literatura para rescatarte, esta vez sí, de la muerte que dicen que te devoró". * Cortesía deWilliam Tamayo
En exilio español y lejos de la patria que amó con absoluta singularidad, había muerto el mes de junio del 2004, a los 74 años, el formidable humanista, lingüista y antropólogo Alfredo Torero Fernández de Córdova. Como siempre, la importancia que tiene la magna obra que dejó demorará aún un buen tiempo en ser reconocida aquí, en su tierra. Porque el lingüista y patriota fue ampliamente conocido en las esferas peruanistas en Europa y en América del Norte.
Patricio provinciano de la vega del río Huaura, que reúne las aguas del sagrado nevado Yerupajá, Alfredo Torero nació en la puebla de Huacho en l930. De silenciosa labor en el periodo de su formación en el Perú y luego en Holanda, irrumpió de pronto en 1970 en la mata del pensamiento humanista universitario: había trabajado en profundidad todas las vertientes de la lingüística de la postguerra, sobretodo el estructuralismo de Roman Jakobson y el neocartesianismo de Noam Chomsky, y aplicaba, con finura de análisis, el novísimo instrumento de la glotocronología léxico-estadística de Morris Swadesh.
Escribe así su revolucionario ensayo de una treintena de páginas: Lingüística e historia de la sociedad andina, en el que demuestra con claridad meridiana el origen limeño del quechua, hacia el siglo V dC, formado en los intervalles adyacentes al nudo de Pariaqaqa, en la privincia central de Huarochirí y aledaños. Esta contribución extraordinaria apareció en la compilación El reto del multilingüismo en el Perú, hecha por Alberto Escobar, para el IEP de Lima, en l972. QI central-waywash (el más antiguo: s. V) / QII periférico-wampuna:QII-A yunkay; QII-B norteño; QII-C sureño (reciente; siglo XVI)
Luego, Torero estudia las variaciones dialectales del quechua, dividiéndolo en Q I y Q II, (que corresponden a la clasificación Q B y Q A de Gary Parker, respectivamente) y suelta, por la U. Ricardo Palma, su formidable ensayo El quechua y la historia social andina, en 1974. Son dignas de recuerdo las respetuosas y ricas polémicas con el maestro Maxim Jurth, fonologista germano-suizo que postulaba el origen azuaino (cuencano-ecuatoriano) del quechua.
Desde entonces su trabajo se multiplica: El comercio y la difusión del quechua: el caso de Ecuador (l984), Deslindes lingüísticos en la costa norte peruana, (1987). Lenguas y pueblos altiplánicos en torno al siglo XVI (l987). Añade ahora otros trabajos de gran importancia: Áreas toponímicas e idiomas en la sierra norte peruana (l989), El quechua costeño (1990), Procesos lingüísticos e identificación de dioses en los Andes centrales (1990), La familia lingüística uru-chipaya (1992), Lenguas del nororiente peruano: la hoya de Jaén en el siglo XVI (1993).
Luego de una lamentable pérdida de 600 páginas sobre la lengua muchik en el metro de París, trabaja nuevas fichas. Aparece así La fonología del idioma Mochica en los siglos XVI-XVII (l997). Pero esa pérdida lo había obligado a un cambio de timón y se doctora en la Sorbona con la tesis Le Puquina, la troisième langue général du Pérou , que permanece sin traducir.
Prestigioso profesor universitario, es autor del primer Mapa Lingüístico del Perú. Fue vicerrector de la UNMSM y un fervoroso defensor de los derechos del pueblo. Sufrió el oprobio y la saña del régimen del dictador y criminal Fujimori que lo alejó desde los años 90 del pueblo que tanto defendió y amó. Sus últimos trabajos siguieron siendo de absoluta solvencia: Entre Roma y Lima. El Lexicón Quechua de fray Domingo de Santo Tomás, Madrid, 1997. El primer vocabulario de la lengua aymara de Ludovico Bertonio (1612), Valencia,1999. La lingüística al servicio de la (pre)historia de América. " Mi trabajo de campo ante un medio étnico y social diferente." Lengua “visión del mundo”. "Periodos de la expansión Quechua".Conflictos interétnicos que facilitaron la conquista...
Unió a sus múltiples talentos el arte de la solidaridad, de la que quedamos testigos, y el de la amistad: pronto saldría en México su texto sobre J. M. Arguedas, recordatorio de una relación tan íntima y fecunda.
Sin duda, Alfredo Torero pisó fuerte y bien en este mundo. Dondequiera que estén, han de estar ya conversando este par de zorros, en las nieves de qué Apu, a orillas de qué río interminable como nuestra memoria...
1. Iniciamos el saludo a nuestro José María Arguedas centenario (1911-1969) de la manera más directa y honesta: que brille su vida -con luces y sombras- como las nieves del Sallqantay, que el apu 'tayta Chawala' lo tenga anidado entre sus riscos, al borde de la vida...
* líapiz de Antonio Bonicelli
2. Pero no pertenecemos a esa grey que profesa la biografía idolátrica. Creemos que si se ama a alguien, hay que aceptarlo 'tal como es', sin mediatintas ni borrones para hacer kapaq-kuna de sus virtudes y qunqapa de sus defectos. Aquí no vemos mal su correspondencia con el provocador maestro Julio Cortázar, ni nos molesta la oposición de La utopía arcaica, lectura meramente lineal de la historia social andina, y por tanto de pobres consecuencias, de Vargas Llosa (y que, además, no hemos acabado -los arguedianos- de contestar).
3. Sí acusamos, de una buena vez y a viva voz, la irresponsabilidad de los 'científicos sociales' que, en su hora (1964), fungieron de eunucos de la 'realidad campesina': Favre, con méritos y todo, y sus validos peruanos, a pesar de algún mérito, fueron incapaces de entender la diferencia epistemológica entre literatura y antropología.
4. Sí diremos, de una buena vez, de la sensibilidad exagerada por una 'antigua herida' del propio José María, que le impidió dar la batalla en el campo mismo de las letras y no en la estéril polémica con eruditos a la violeta. Polémica que -para beneficio de los 'académicos'- seguimos reproduciendo, aún cuando la realidad haya migrado a otras formas y que José María, pese a su gran intuición, no midió: les siguió el juego. Y los temas 'indios' y 'campesinos' se siguen tratando al margen de ellos, los actores. Bagua es el gran ejemplo. Sus reinvidicaciones son concretas y su afirmación social es tangible.
5. Cabe inaugurar la vuelta a Arguedas en el mismísimo estilo de Lacan en su relectura de Freud. La obra arguediana es una estructura eslabonada desde una gran ausencia: la comprensión del 'Perú profundo' -que dijo Basadre- y que apenas mereció la anémica acotación de cierto 'filósofo' peruano: "Pero eso es como decir que hay un Perú superficial..."
6. A esa obra nos remitimos. Sólo a la luz de la opera omnia cobrarán sentido y vigencia las anécdotas de y sobre José María que tan alegremente vuelan en boca de los soberbios detentadores del poder sobre la cultura y que ahora secuestran su nombre para adjudicárselo.
7. Proponemos la relectura total de Arguedas, lejos de los 'constructos' de moda. El único constructo válido en este ajedrez peruano es la 'lectura restituida de la historia social andina' que Arguedas urge comunuicarnos. La torpe tesis estalinista del 'lenguaje como espejo de la realidad' está ya desautorizada por la experiencia social del fin de siglo. Una cosa es la ornitología académica que clasifica calandrias con 'puntual taxonomía sistemática' y otra la comprensión abierta de la calandria de la consolación y la de fuego.
"Despidan en mí a un tiempo del Perú cuyas raíces estarán siempre chupando jugo de la tierra para alimentar a los que viven en nuestra patria, en la que cualquier hombre no engrilletado y embrutecido por el egoísmo puede vivir, feliz, todas las patrias".JM Arguedas
I. Bio-bibliografía
1911. Nace el 18 de enero, en Andahuaylas (Apurímac).
1914. Huérfano de madre -Victoria Altamirano- a los 3 años. Vive en Lucanas, Puquio y Abancay.
1926. Secundaria en Ica.
1928. Secundaria en Huancayo. 17 años. Funda el periódico juvenil Amauta. 1929. Vive en Yauyos (sierra limeña).
1931. ingresa a la UNMSM. 20 años.
1932. Muere su padre, juez de paz. Del 32 al 37 trabaja en el correo postal de Lima.
1935. A los 24 años escribe la primera versión de Warma kuyay y los demás cuentos de Agua.
1936. Funda la revista sanmarquina La palabra.
1937. Va preso al Sexto (un año) por la asonada contra el embajador de la Italia facista. 26 años.
1938. Publica su recopilación Canto Kechwa (bilingüe).
1939. Profesor en Sicuani hasta 1941. 28 años.
1940. Viaja a México.
1941. Inicia Yawar Fiesta. 30 años.
1942. Prof. en el colegio Alfonso Ugarte de Lima. Primer Congreso Interamericano de Patzcuaro (México).
1943. Prof. en el colegio Guadalupe hasta 1948.
1946. Se gradúa como etnólogo por la UNMSM. 35 años. Casa con Celia Bustamante, importante etnógrafa y animadora de la peña artesanal Pancho Fierro.
1947. Curador de Folklore para el ministerio de Educación hasta 1952. Recoge con Francisco Izquierdo Ríos Mitos, leyendas y cuentos peruanos.
1949. Recopila Canciones y cuentos del pueblo quechua. 1950. Dicta etnología y quechua en el Pedagógico Nacional de Varones hasta 1953.
1953. Jefe del Instituto de Estudios Etnológicos del Museo de la Cultura Peruana hasta 1963. 42 años. Cuentos mágicos-realistas y canciones de fiestas tradicionales: valle del Mantaro. 1954.Diamantes y pedernales. 1956. Bachiller en etnología con Puquio: una cultura en proceso de cambio. 46 años.
1957.Estudio etnográfico de la feria de Huancayo / Evolución de las comunidades indígenas. 1958. La UNESCO lo beca para España. Publica Yawar fiesta. 47 años. Rios profundos, novela. El arte popular religioso y la cultura mestiza.
1959. Dicta Introducción a la Etnología en la UNMSM hasta 1968.
1961.El Sexto, novela. 50 años. Cuentos mágico-religiosos de Lucanamarca.
1962. Dicta Lengua quechua en la UN Agraria hasta su muerte. Escribe Tupaq Amaru taytanchisman (a nuestro padre TA), inicio de su único poemario Katátay. Publica el relato La agonía de Rasu-ñiti. 1963. Doctorado: Estudio de dos comunidades de Castilla y El Mantaro y la ciudad de Huancayo. Director de la Casa de la Cultura hasta 1964. A cargo de la revista Cultura y pueblo.
1964.Todas la Sangres, novela. 53 años.
1965. Recopila en San Miguel de Lima el relato oral de Santos Quyutupa Qatakamari Punqup musquynin (Sueño del pongo). Inicia su relación con Sybilla Arredondo. Director del Museo Nacional de Historia hasta 1966. 55 años.
1966. Intento de suicidio. Publica su traducción del manuscrito de Dávila Dioses y hombres de Huarochirí y rec. Poesía quechua.
1967. Casa con Sybilla Arredondo. Publica Amor Mundo y todos los cuentos. 57 años. 1968.Comunidades de España y del Perú.
1969. Se suicida en la UN Agraria el 28 de nov. Muere el 2 de dic. a los 58 años.
1971. Edición póstuma de El zorro de arriba y el zorro de abajo, por Losada, Bs As.
1972.Katátay, poemario bilingüe.
1973.Cuentos olvidados / Indios, señores y mestizos / Formación de una cultura nacional indoamericana, ediciones montevideanas de Ángel Rama.
II. Homenaje debido
Nuestro primer homenaje al amauta JM Arguedas -en pleno centenario- es seguir investigando por cuenta propia. He aquí, un alcance que no tuvo el maestro:
Pareamos la leyenda con el Carnaval de Tambobamba. Cobra así pleno sentido la canción, de drama hasta ahora tan misterioso, más aún cuando se la canta en carnavales. También es conocida como Wiphala, y una de las preferidas de JM Arguedas:
La leyenda del Tuytunki[1] En las alturas de Cotabambas vivía una hermosa campesina de la que estaban enamorados muchos jóvenes, hasta los de las comunidades vecinas.
La pasña les propone una competencia de charango, para elegir al mejor. Un maqta toca una muy hermosa melodía llamada tuytunki[2] que deja prendada a la joven pasña. Lo elige para pretendiente y le propone tres pruebas para aceptarlo.
La primera era subir un cerro y encontrar el paso hacia el valle colindante. La segunda, esperar en la plaza del pueblo de ese valle la noche de luna llena y dejarse conducir por un cóndor a la tercera prueba: cruzar una extensa laguna a caballo [3] cantando y tocando el tuytunki en su charango.
Pasa las primeras pruebas sin dificultad y en pleno vuelo el cóndor le dice: "toma una de mis plumas. Cuando tengas dificultades al cruzar, escribe con la pluma [4] el nombre de tu amada. Así te salvarás de ser devorado por las aguas."
Agradece el maqta, pero cuando en pleno cruce del lago un gran remolino lo envuelve, en su afán de nadar hacia la orilla, olvida escribir el nombre de la amada con la pluma del cóndor.
Arrastrado por las aguas, llega el joven al fondo de la laguna y encuentra una aldea sumergida [5]. Para su sorpresa, el jefe de esta aldea es el padre de su amada. Se entera de que ella vive en tierra cumpliendo un castigo. El charanguista suplica al padre que le permita encontrarse con su hija. Ante la persistente negativa, decide tocar día y noche el tuytunki.
Así habría sonado el Tuytnki
La música convence al padre. Desde entonces, en noches de luna llena, se escucha el charango en las alturas de la laguna, cada vez que los amantes se encuentran.
Tambobambino maqtatas Dizque a un joven tambobambino
yawar-mayu apamun. el turbión del río lo arrastra.
Tambobambino maqtatas Dizque a un joven tambobambino
yawar unu apamun. el agua sangrienta lo arrastra.
Tinyachallanñas tuytuchkan[7].
Dizq' ya sólo su tamborcito está flotando
Qinachallanñas tuytuchkan. Dizq' ya sólo su quenita está flotando.
Birretellanñas tuytuchkan. Dizq' ya sólo su birrete está flotando.
Charangollanñas tuytuchkan*. Dizq' ya sólo su charango está flotando.
Kuyakusqan pasñari Y con su amada pasña
waqayllañas waqasyan* está ya sólo llorando.
wayllukusqan pasñari Y con su querida pasña
llakiyllañas llakisyan. está ya sólo sufriendo.
Ponchitollanta qawaspa. Se contempla sólo su ponchito.
charangollanta qawaspa Se contempla sólo su charango.
Qinachallanta rikuspa Se ve sólo su quenita
Tinyachallanta rikuspa Se ve sólo su taborcito.
Kunturllanñas muyusyan Dizq' ya sólo el cóndor está girando
tambobambino maskaspa (bis)
en busca del tambobambino.
Mana punis tarinchu. Dizq' no lo encuentra
Yawar-mayus chinkachin se pierde en el turbión del río
Mana punis tarinchu Dizq' no lo encuentra
Yawar unus apakun dizq' lo trae el agua de sangre.
Coro:
Wifalitay, wifala/ wífala, wífala, wífala / wifalalayla wifala / wifalitay wifala!.
***
[1] Versión sobre la recopilación de Gloria Avendaño en la revista Wifala, Cuzco 1981.
[2]Tuytuy, ‘flotar, mecer’. Tuytunki, ‘flotas, te meces’.
[3] El caballo desaparece. En el Orlando furioso de Ariosto se cruza los aires sobre un caballo-águila: el hipogrifo.
[4] Interesa la ‘vigencia de la pluma', es decir de la escritura, sugerida por la contigüidad del emplumado cóndor. Así se refuerza la simbología del poder y la jerarquía.
[5] La aldea sumergida es recurrente y una constante de los relatos andinos (cf. Morote Best).
[6] La leyenda de Cotabambas da trasfondo a la grabación del carnaval de Tambobamba, hecha por José María Arguedas en San Miguel de Maranga por el año 1965, de cuya traducción soy responsable..
[7] El cambio del gerundio ayacuchano* –chk- al cuzqueño *–sy- indica que el texto oral pertenece al límite dialectal que corresponde a Andahuaylas.
III.Intermezzo
¿Quién dice que el amor a la vida tiene pasaportes o salvoconductos? ¿Creen Uds. que a José María no le iba a poner supru el corazón este canto de la pampa surandina (sí, ya lo sé, no es folklore, es de Ariel Ramírez & Félix Luna -aunque se retuerza en su tumba el querido maestro Cortázar-)... y todavía en la voz de esta preciosidad?:
"Preguntas por aquellos fantasmas que soñé? ¿Y qué fue de los magos de atuendos perfumados?" Villonade for this Yule
Ezra Pound, 1908
1. Los evangelios no registran los nombres, ni el número, ni mucho menos que sean reyes. El de Mateo (el Leví -ecónomo y 'empleado público'- primer discípulo de Jesús) habla de 'magos' -de la religión persa mazdeista (cuyo emblema es el fuego)- que vieron una estrella en occidente, y se menciona -en passant- los obsequios que llevaron. De ahí salió la idea de tres. Filippo Lippi, c. 1445 El incienso y la mirra son gomorresinas de árboles propios de la Arabia Feliz e indican la ruta que usaron los viajeros desde Persia... El incienso es un purificador de ambiente desde siempre y la mirra se usa -aún ahora- como preservante del vino. Lo de hacerlos 'reyes' vino mucho después, en el Medioevo, posiblemente en Provenza. De allí también procede la 'rosca de reyes' que es también el hallún que el poeta andalusí ibn-Quzman describe en su Cancionero: una torta (hallulla, voz que permanece en Granada, Ecuador, Chile y Bolivia) de 'año nuevo', que contenía una moneda.
La más antigua representación de los Magos. (Mosaico de Rávena, siglo IV)
2. Los nombres atribuídos son deformaciones de los nombres persas Ahasuer, Melixor, Barasuer... En lengua siria se les llamaba Kagpha, Badadilma y Badadakharida, aunque hay 'testimonios', también sirios, que hablan de Larvandad, Hormisdas y Gushanasaph. Los hebreos cristianos hablan de Magalath, Galgalah y Serakin. Los griegos se refieren a ellos con los nombres de Appelikón, Amerín y Damaskón. En Etiopía, a Baltasar se le conoce como Paratoras...*
3. Este suceso se conoce en griego como epifanía('sobreiluminación'): los teólogos dicen que significa que Dios se presenta ante los hombres en sus propios lenguajes... Los magos mazdeos eran 'streleros' -como dice la primerísima obra teatral en nuestra lengua -un auto sacramental de 1170- ...pues entonces, se les presentó como 'strela': "Dios vos salve, senior ¿Sodes vos strelero? Dezidme la verdad, de vós sabelo quiero.
¿Vedes tal maravila?
Nacida es una strela". (esc.II, vs. 52-55)
A esto le llaman ecumenismo de la buena nueva: era para todos los hombres, no sólo para los judíos... De allí que muy pronto les asignaron un color de piel: Gaspar es 'blanco', Melchor es 'indio' (de la India) y Baltasar es 'negro' (aunque sólo desde el Alto Medievo: este Mantegna -con su Baltasar ya negro- es del mismo año -1498- de este otra preciosa tabla bocetada de Leonardo -que no destaca el número ni la tez de los magos: un primer plano triangular relegando al fondo el desorden de las guerras y aún la 'reconstrucción del templo' es todo su interés... http://www.loc.gov/exhibits/leonardo/)
4. Son 12 días desde la Navidad: (Twelveth night, escribió, con gracia enorme, Shakespeare en 1601, pero no es nuestro tema.) He aquí unas cuartetas para el día doceno:
Un poema en estos días para alegrar estas fechas: Un corazón y alegrías, que para eso están hechas.
Como no tengo que darte te envío, por lo enviado, estas cuartetas en arte menor y con pie forzado:
Vino, chicha y aguardiente: los tres reyes del oriente...
Vino que noches bebió desde el alba hasta el poniente, para ponerse tan tinto como el Baltazar retinto.
Chicha cobriza que dio con qué apagar esa urgente nostalgia de las estrellas de Melchor que va tras ellas.
Aguardiente que encendió a Gaspar con esa fuente de fuego, ese mar de caña que -rayo de sol- nos baña.
Vino, chicha, y aguardiente para la gente doliente... la uva, el maíz y la caña: tres magos en occidente..
Atuq-az-Zâlab
5. Ilustres desconocidos
Acerca de su verdadera identidad y origen existen muy pocos datos. Mateo habló de estos hombres generosos:
“Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá, en los días de Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque hemos visto su estrella al oriente y venimos a adorarle. Al oír esto, el rey Herodes se turbó y con él toda Jerusalén, y reuniendo a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Mesías". Ellos contestaron que en Belén de Judá, pues así está escrito por el profeta: “Y tú Belén, tierra de Judá, no eres ciertamente la más pequeña entre los príncipes de Judá, porque de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo, Israel.” "...La estrella que habían visto en Oriente les precedía, hasta que, llegada encima del lugar en que estaba el niño, se detuvo. Al ver la estrella sintieron grandísimo gozo, y entrados en la casa, vieron al niño con María, su madre, y de hinojos le adoraron, y abriendo sus alforjas, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra. Advertidos en sueños de no volver a Herodes se tornaron a su tierra por otro camino” (Mateo, II).
6. La tradición añade que fueron bautizados por el apóstol Tomás, que murieron mártires y que sus restos fueron hallados en un monasterio en Milán, al descubrirse una inscripción: “Aquí yacen las reliquias de los Tres Magos que adoraron a Jesús”. Pero otro tanto se dice de sus tumbas en la germana Köln (Colonia)... Mateo asegura que llegaron de Oriente -procedentes de Persia o Babilonia-, donde existían sabios y astrónomos que en lengua persa se conocían como 'moghs'.El vocablo fue 'por teléfono malogrado' hasta que adquirió en el griego su entonación definitiva: magós/magoi. De allí paso al latín: magus/magi. Y así quedaron llamados estos hombres de la antigua casta sagrada de los medos persas (actuales Irak e Irán), que se dedicaban al estudio de los cielos y a la distinción -y preservación- de un dios del bien y otro del mal, bajo las enseñanzas de Zoroastro -el Zaratustra de Nietzsche- , fundador del mazdeísmo.
7. David (o su poeta de corte) escribe en su salmo 72:
'Los Reyes de Tarsis le ofrecerán regalos, los reyes de Arabia y Saba le llevarán tributos, todas las naciones le servirán'.
Este salmo es el que creó la confusión. Si 'reyes' eran los que habrían de traer regalos... entonces 'reyes tenían que ser' los primeros que hincaran la rodilla en tierra para adorar a Jesús.
Los artistas los representaron de diferentes maneras: montando caballos, elefantes o camellos, tocados con coronas similares a las de los soberanos de ese entonces.
8. ¿Cuántos fueron? En el Martirologio Romano, están inscritos los nombres de Gaspar, de 'tez blanca y casi anciano'; Melchor, 'negro y joven' *; y Baltasar 'mestizo y de edad mediana'. El libro esotérico de Set (?) refiere: “el pueblo que se encontraba en Oriente, a orillas del océano, eligió entre los suyos a 12 hombres, los más sabios y vinculados a los fenómenos celestes, a los que se les encargó esperar la aparición de la estrella que los llevaría hasta el Mesiah. Por fin un día apareció la estrella profetizada, encima del Monte Victoria y esto los obligó a iniciar su peregrinaje hacia Judea, que duraría dos años enteros, en los cuales 'nunca les faltó alimento ni bebida'. En esta versión los magosson doce; sin embargo, sobre el sepulcro de Pedro y Marcelino en Roma, hay un cuadro donde aparecen solamente dos magos. Los hagiógrafos León y Cesario manifiestan que eran tres, puesto que hicieron entrega de tres regalos, opinión refrendada por un documento que guarda, hace trece siglos, la Biblioteca Nacional de París, donde figuran los nombres que todos conocemos. En el Museo de Letrán, en Roma, hay una antigua pintura que también representa tres 'reyes'. En el sepulcro de santa Domitila, son cuatro los adoradores del Niño. Y para colmo, son ocho los 'reyes' grabados en una vasija del Museo de Kircher. Por último, se menciona -sotto voce- un cuarto mago: Artabán de Alejandría...
*Ver comentario de Cassiopeia.
Seguiriya de los magos Ya que nunca sabremos si fueron tres, quedito miraremos tras del ciprés.
Brilla la estrella, y aunque no sea de oro, !noche tan bella!
9. La antigüedad admitía tres 'razas', prefiguradas en el Antiguo Testamento por los hijos de Noé - Sem, Cam y Jafet- que eran las de Africa, Asia y Europa. Bajo este criterio, los artistas de entonces le dan a cada rey-mago la fisonomía 'correspondiente': uno es rubio, casi anciano; el otro es mestizo y de edad intermedia y el último, negro y bastante joven. Simbolizan las tres edades trascendentes de la vida: 60, 40 y 20 años. Gaspar ofreció el oro, vestido con una túnica de color jacinto, simbolizando el matrimonio. Melchor entregó la mirra, llevando ropaje de distintos colores en señal de penitencia. Y Baltasar, el incienso, con un atuendo en color azafrán, que representa la virginidad. Otros semiotas simbolizan tal como sabemos: oro de reyes, incienso de dioses, mirra de mortal.
10. Mención aparte merece la relación de viajes (c. 1300) en lengua provenzal (vide supra:1) el Emilione(y no Il Milione, como los incrédulos la llamaron), el excelente libro de bitácora de Emilione Marco Polo. Un muy 'valioso amigo' mío (que recela su querido nombre en los comentarios, aquí abajo) me recuerda el cap. XXXI de sus Viaggi: Dejemos a Tauris y pasemos a Persia La Persia era antiguamente una inmensa provincia, noble e importante, pero en el presente los tártaros la han destruido y diezmado. En Persia se halla la ciudad de Sava, de donde partieron los tres Reyes Magos cuando vinieron a adorar a Jesucristo. En esta ciudad están enterrados en tres grandes y magníficos sepulcros. Encima de los cenotafios hay un templete cuadrado, muy bien labrado. Estos sepulcros se hallan el uno junto al otro. Los cuerpos de los Reyes están intactos, con sus barbas y sus cabellos. El uno se llamaba Baltasar, el otro Gaspar y el tercero Melchor. Micer Marcos interrogó a varias personas con respecto a estos tres Reyes Magos, y nadie supo dar razón de ellos, exceptuando que eran Reyes y fueron sepultados ahí en la Antigüedad. Pero os voy a referir lo que averiguó más tarde sobre el particular:
Un poco más lejos, y a tres días de viaje, se halla un alcázar llamado Cala Atapereistan, lo que en español significa: «Castillo de los adoradores del fuego». Y esto es la verdad, pues estos hombres adoran el fuego. Os diré por qué lo adoran: Las gentes de ese castillo cuentan que en la Antigüedad tres Reyes de esta región fueron a adorar a un profeta que acababa de nacer y llevarle tres presentes: el oro, el incienso y la mirra, para saber si ese profeta era Dios, rey terrestre o médico, pues dijeron que si tomaba el oro, era rey terrenal; si el incienso, era un Dios; si la mirra, entonces era un médico. Cuando llegaron al sitio en donde había nacido el niño, el más joven de los Reyes se destacó de la caravana y fue solo a ver al niño y vio que era semejante a él, pues tenía su edad y estaba hecho como él, y esto lo llenó de asombro. Luego f ue el segundo de los Reyes, que era de la misma edad, y contestó lo mismo. Y creció al punto su sorpresa. Por fin, fue el tercero, que era el más anciano, y le sucedió lo que a los otros dos. Y quedáronse pensativos... Cuando se reunieron se contaron uno a otro lo que habían visto y se maravillaron de ello. Entonces decidieron ir los tres a un tiempo, encontrando al niño del tamaño y edad que le correspondía (pues no tenía más que trece días). Ante él se postraron ofreciéndole oro, incienso y mirra. El niño cogió las tres cosas y, en cambio, les entregó un cofrecillo cerrado. Los Reyes Magos volvieron después de esto a sus respectivos países. y el XXXII: Relación de los Reyes Magos que vinieron a adorar a Dios Cuando hubieron cabalgado algunas jornadas, se dijeron que querían ver lo que el niño les habla dado. Abriendo el cofrecillo, se encontraron que contenía una piedra. Sorprendidos, preguntáronse qué significaría aquello, pues habiendo el niño cogido las tres ofrendas, comprendieron los Reyes que el niño era Dios, Rey terrestre y Médico, y debía de tener aquello un sentido oculto, y, en efecto, el niño dio a los tres Reyes la piedra, significándoles que fueran firmes y constantes en su fe. Los tres Reyes tomaron la piedra y la echaron a un pozo, ignorando aún su significado, y cuando la piedra cayó al pozo, un fuego ardiente bajó del cielo y penetró en el pozo. Cuando tal vieron los Reyes, quedaron estupefactos y se arrepintieron de haber tirado la piedra, pues era un talismán. Cogieron del fuego que salía del pozo para llevarlo a sus respectivos países y ponerlo en un magnífico y rico templo. Y desde entonces está ardiendo y le adoran como si fuera un dios. Y los sacrificios y holocaustos que hacen son con ese fuego sagrado. Jamás toman de otro fuego que no sea de este maravilloso, caminando leguas y leguas para conseguirlo, cuando se les acaba, por la razón que ya os dije. Y son numerosos los que adoran el fuego en esta región. Todo esto le contaron a mi señor Marco Polo, y también de que los tres Reyes Magos el uno era de Sava, el otro de Ava y el tercero de Cashan. Y ahora que os he contado esta historia os citaré otras ciudades de la Persia, sus costumbres y gestas.
11. Otro documento, esta vez estadounidense, de 1880, del general confederado del Sur Lewis Wallace, demuestra que Baltasar (que ya no es negro) fue amigo y aún guía de Ben-Hur, el caballista judeo-romano.
12. El día de Epifanía de los reyes Magos es fecha que, por su poesía y sencillez, guardan mis hijas con esmero. Cuando pequeñitas cantaban villancicos cajamarquinos que mi padre les enseñaba:
Niño Manuelito, qué te puedo dar rosas y claveles, que no tengo más...
Niño Jesusito, ya se qué traer: buñuelitos fritos envueltos en miel...
Sofía Alejandra era entonces Melchor y llevaba al niño -ya en el regazo de mi madre, al crepúsculo de la víspera, sobre guirnaldas de flores- oro de verdad: los anillos de matrimonio de mis padres más toda la joyería en oro. Jasania Verónica era Gaspar y llevaba un braserito de hierro en miniatura con el incienso en palo para sahumar al niño. Y Alma Valeria era Baltazar y llevaba la mirra en polvillo y el incienso en resina para echarla en el brasero, a los pies del niño... Por supuesto que las tres querían llevar el oro, de modo que había que turnarlas... de un año a otro.
13. Ahora Alma Valeria, que tiene el humor suelto, dice: ¿Qué hubiera pasado si los reyes magos hubieran sido mujeres...? * Que esas 'reinas magas' no hubieran llegado tan atrasados, sino el mismo 25 de diciembre... * No hubieran llevado a Jesús oro incienso y mirra (¿para qué?) sino cunita, pañales y roponcitos...
* Pero claro, eso sí: estarían en el portal de Belén cuchicheando: 'Ay, esta María...necesita babero. Cree que su hijo es Dios. Y encima, dice que es virgen...'
Feliz epifanía con la voz de Mercedes Sosa, negra linda:
PS. *La cronista Tania Santiago, mi sobrina agrónoma, sabe de una versión criolla y marginal de los reyes magos procedentes del penal de Sarita Colonia: Gastar (gringo narcotraficante); Malhechor (cholo monrrero) y Va-a-asaltar (negro cogotero). Sé que se van a molestar los que todo se lo toman en serio, nada los toca y todo les duele, nada les huele y todo les apesta... y hasta habrá quien me llame racista, pero... ¿acaso no están chéveres los anagramas?
Hijo de una dulce mujer tísica y de un tenor altamente alcohólico, nació Ludwig (Luisito) el 16 de diciembre de 1770 en la Bonn germano-belga, en una buhardilla del 4º piso (destinada a la sirvienta de la casa -que eso era su madre Magdalena- y que ahora, hipócritamente, se llama -a los 4 pisos- Beethovenes Geburthaus ('casa natal de Beethoven'), en la calle Gasse, donde te golpeas la cabeza en las vigas oblícuas del techo si te despiertas con prisa. Luchito, entonces, era muy cuidadoso: repasaba con la mirada cada viga y las memorizó de tal manera que le escribió esta marchita turca (que nada tiene que ver con las 'turcas' que se mandaba el padre) al Chavo del 8:
Pero ya desde chiquito Luchito tenía una profunda crisis de identidad, porque cuando le decían: 'Ludwig van', él también iba, y para que regrese le decían 'Beto ven', y venía... Ya después en el colegio, entendió que van (que suena fan) era 'de' y que Beto-ven era Beethofen, es decir Batavia. Mientras, de tanto ir y venir, salir y entrar yendo y viniendo, Luchito-Beto no sólo tenía doble personalidad sino que muy tempranamente tuvo una afonía crónica porque lo agarraban vientos cruzados. Luego, al curarse casi del todo -le costó muchas infecciones al oido- y quedar 'sin afonía', le tomó un tremendo cariño a la sinfonía, razón por la cual compuso 9 (y una 10ª más, en borrador por si acaso)... Precisamente -y contradiciendo a los biógrafos mayores que hablan de una fuerte incomprensión padre/hijo- Lucho de Batavia, esta vez, sí le dedicó a su padre Johann la 5ª de sus sinfonías (que literalmente dice: 'para-papá'), en 1804-1808:
Dado su mal genio, era también conocido como rabanito (variante sonora de 'betarraga', que da nombre belga a su Batavia de origen). De tanto ensayar a todo dar y por haber sido concebido con fallas técnicas (TBC + alcohol), y terco ante sus vecinos que le pedían que baje el volumen, como 'no hay peor sordo que el que no quiere oir', quedó sordo total desde los 26 años. Igualito era adorable la mitad de las veces y por eso le festejamos con tantísimo cariño su cumpleaños hoy día (241 velitas!) y le cantamos las mañanitas... aunque ni cuenta se dé. Aquí, en recuerdo de su enorme talla espiritual (porque de cuerpo le decían 'torito', por bajo y 'tronquito') va este cuarteto precioso:
Por morochito, también le decían 'el españolito' (pero eso ya entra en la pre-historia del nazismo, que a él le molestaría mucho). Y bueno... mientras le bullía la cabeza -con fiebres y dolores-, se le pasó la vida breve haciendo linduras para las orejas de los demás... Murió de 56 años y lleno de armonías colosales... Aquí a la derecha está en el bosque de Viena esperando una de sus sonatas ... (cosa rara, porque nunca se hacían esperar...)
Escúchalo y estarás conmigo en que gente linda como él debería cumplir años ... todos los días!!! az-Zâlab VH PS.¡Cada vez escribes con más humor! Qué bueno porque de lo contrario, hablar de Beethoven sería demasiado fuerte, demasiado triste. Hubiera quedado bien también si ponías la 5ª sinfonía en huahuancó, ¿te acuerdas? Recomiendo la Sonata nº. 5 en fa mayor op. 24 "La primavera", para violín y piano:http://www.youtube.com/watch?v=5zxb2bwqG_s,(Me ha provocado ver de nuevo Amada inmortal, de Bernard Rose, 1994.) Jasania
Resp.Pues el 'niño transaccional' de Luisito de Batavia no le hace ascos a esta vacilada tropical -con tan buen saoco- de su 5ª Sinfonía del Destino ('no le aunque' pongan cara larga los directores de ciertos conservatorios):
Fue una noble romana (c. 200 dC.) cuyo nombre significa en latín 'cegadora' (quizás por su belleza). Casó con un importamte miembro de la familia Metellus (que hasta papa tuvo).
Como eran tiempos de cambios de camiseta religioso-política, ella le juró al Metellus novio que sólo sería suya si se convertía a la fe de Cristo. La sección 'pagana' (como Barba o El Comercio) de la familia contrayente, la llevó a 'seguridad del estado', donde se dispusieron a hacerla abjurar de la fe cristiana. Doña Cecilia se cerró en sus trece y 'no quiero, no quiero...aunque me arranquen el cuero...'
Entonces el prefecto sobón, algo así como el Rafael Rey del senador Metellus, ordenó que le corten el cuello: qué tan malo sería el acero ('made in China') que -dicen las Acta martyrologium hieronymianum- 'sólo sangró un poco por la herida y se puso a cantar durante tres días'. Cronista hay que asegura haberla visto cantando y bailando 'No morirá' -del grupo DLG- con el mejor saoco:
Hartmann Schedel, 1493
a Cecilia Granadino y su voz cantarina
Fue una noble romana (c. 200 dC.) cuyo nombre significa en latín 'cegadora' (quizás por su belleza). Casó con un importamte miembro de la familia Metellus (que hasta papa tuvo).
Como eran tiempos de cambios de camiseta religioso-política, ella le juró al Metellus novio que sólo sería suya si se convertía a la fe de Cristo. La sección 'pagana' (como Barba o El Comercio) de la familia contrayente, la llevó a 'seguridad del estado', donde se dispusieron a hacerla abjurar de la fe cristiana. Doña Cecilia se cerró en sus trece y 'no quiero, no quiero...aunque me arranquen el cuero...'
Entonces el prefecto sobón, algo así como el Rafael Rey del senador Metellus, ordenó que le corten el cuello: qué tan malo sería el acero ('made in China') que -dicen las Acta martyrologium hieronymianum- 'sólo sangró un poco por la herida y se puso a cantar durante tres días'. Cronista hay que asegura haberla visto cantando y bailando 'No morirá' -del grupo DLG- con el mejor saoco: http://www.youtube.com/watch?v=yQZ2Kq5UFGA&feature=related
Pues para cambiar ese milagro, fue condenada a ser ahogada en la tina de su palacio -como a las palomas de semana santa 'para no derramar su sangre inocente'- y, entre gluglús y gluglúes, expiró y entregó el equipo -siempre cantando- no sin sacarle cachita al tío y a la tía Metellus que tanta inquina le tenían por 'morenita'.
Ya los decires de que murió 'tocando el órgano' -lo cual me parece un insulto tremendo a tan casta virgen- son un invento del despistado copista de cuyos textos hizo uso Geoffrey Chaucer, genial inglés que escribió en perfecto francés de Londres sus Cuentos de Canterbury: And whyl the organs maden melodye / To God alone in herte thus sang she
(Y mientras los órganos hacían melodías / a Dios solo en el corazón así cantó ella ...) (The Second Nun's Tale) y transcribió (¿no les digo que despistado?) 'intrumentos de tortura' (candentibus organis) por instrumentos 'cantantes'-musicantes- (canentibus organis) y la antífona del martirologio citado: Venit dies in quothalamus collocatus est, et, cantantibus organis, illa in corde suo soli Domino decantabat: Fiat Domine cor meum et corpus meus inmaculatum et non confunda... diría más bien que: 'Vino el día en que -thalamus collocatus est- se colocó la tarima (de tortura, y no 'en que el matrimonio se celebró') y -candentibus organis... illa decantabat- 'durante los instrumentos candentes', ella en su corazón a su único Señor cantaba: Haz, Señor, mi corazón y mi cuerpo inmaculados y sin confusión (alguna).'"
No era, pues, su banquete nupcial, sino más bien el momento del martirio.
Pero ya la palabra latina organum comenzaba a ser referida al recién inventado ‘órgano’ -que no existía cuando la Ceci- y cundió la especie: "ella cantaba y se acompañaba con el órgano"
y, a partir del gótico siglo XV (mucho después del siglo de nuestro Chaucer) se empezó a pintar a la santa con un organillo portátil o con clavicémbalos.
Rafael Sanzio, 1570
Otros, como el papa Gregorio XIII (sota vestida de sotana) la barajaron -tan concientes estaban de la brutalidad del 'mal latín' llegado a Geoffrey Chaucer- diciendo que 'entró en las nubes tocando el laúd' (árabe al-awd, 'tortuga' -por la forma- y que tampoco se usaba por esos días): el laudes (acento en la a) latino significa loa, alabanza.
Y de hecho, Ceci dio el último gorgorito alabando... ya no sé si al Señor o al Metellus, porque con ese apellido no hay que estarse sin sospechas... Pues ya tenemos que la Chechi murió cantando, con voz propia, a capella y boca chiusa... Para colmo, al alemán inglés George Frideric Handel, que hizo la preciosa Wasser Musik y el Mesiah (con el aleluya casi-casi happy birthday para el rey George) se le ocurrió sobonear al papa -que le entraba al silbidito y a las rancheras del tipo Pero sigo siendo el rey (Alan Otto Kunz García todavía no la patentaba)-, y dio en componer en 1736 (cuatro años antes del Mesías) una Ode for Saint Cecilia's day tan bonita, que Henry Purcell, que había ya compuesto su Laudate Ceciliam en 1683, tuvo que demandarlo desde el infierno (sin mayor ayuda de la SAYCOPE, para variar) por el 'copy right'. De remate, en este siglo pasado, el bruttenoñoñoy de Benjamin Britten lo retomó, comentándolo en Fa menor, en su Anthem for St. Cecilia Virgin -lo cual no le constaba- y ahí fue la de 'toma, mientras' y agárrame el floripondio, porque se volvió, sobre el pucho y por pontifical cédula romana, la santa patrona de nosotros los músicos, los ciegos (doble patrona de Joaquín Rodrigo y de José Feliciano, amén de los del gremio de la latita)... y también de los torturados -que somos pocos pero somos-...
(Advertencia: Los músicos de profesión /no lean este colofón, /sólo toquen saxofón) Colofón
Explicación irreverente del mito:
cerca de la iglesia Santa Cecilia en el Trastévere romano se encuentran las ruinas del templo de la Bona Dea Restituta (ojo con el adjetivo). Esta ‘buena diosa de la restitución' -de la salud, entiéndase- era la diosa romana que curaba la ceguera. La palabra latina para 'ceguera' es cæcitas, muy cercana a cæcilia).
Bibliografía al paso: *Heinrich von Kleist, Die heilige Cäcilie oder die Gewalt der Musik (Santa Cecilia o la fuerza de la música) * Anales del Colegium Musicum (donde estudió la preciosa bataclana Cecilia Combe).
Az-Zâlab VH 22 de noviembre 2010
Pues para cambiar ese milagro, fue condenada a ser ahogada en la tina de su palacio -como a las palomas de semana santa 'para no derramar su sangre inocente'- y, entre gluglús y gluglúes, expiró y entregó el equipo -siempre cantando- no sin sacarle cachita al tío y a la tía Metellus que tanta inquina le tenían por 'morenita'.
Ya los decires de que murió 'tocando el órgano' -lo cual me parece un insulto tremendo a tan casta virgen- son un invento del despistado copista de cuyos textos hizo uso Geoffrey Chaucer, genial inglés que escribió en perfecto francés de Londres sus Cuentos de Canterbury: And whyl the organs maden melodye / To God alone in herte thus sang she
(Y mientras los órganos hacían melodías / a Dios solo en el corazón así cantó ella ...) (The Second Nun's Tale) y transcribió (¿no les digo que despistado?) 'intrumentos de tortura' (candentibus organis) por instrumentos 'cantantes'-musicantes- (canentibus organis) y la antífona del martirologio citado: Venit dies in quothalamus collocatus est, et, cantantibus organis, illa in corde suo soli Domino decantabat: Fiat Domine cor meum et corpus meus inmaculatum et non confunda... diría más bien que: 'Vino el día en que -thalamus collocatus est- se colocó la tarima (de tortura, y no 'en que el matrimonio se celebró') y -candentibus organis... illa decantabat- 'durante los instrumentos candentes', ella en su corazón a su único Señor cantaba: Haz, Señor, mi corazón y mi cuerpo inmaculados y sin confusión (alguna).'"
No era, pues, su banquete nupcial, sino más bien el momento del martirio.
Pero ya la palabra latina organum comenzaba a ser referida al recién inventado ‘órgano’ -que no existía cuando la Ceci- y cundió la especie: "ella cantaba y se acompañaba con el órgano"
y, a partir del gótico siglo XV (mucho después del siglo de nuestro Chaucer) se empezó a pintar a la santa con un organillo portátil o con clavicémbalos.
Rafael Sanzio, 1570
Otros, como el papa Gregorio XIII (sota vestida de sotana) la barajaron -tan concientes estaban de la brutalidad del 'mal latín' llegado a Geoffrey Chaucer- diciendo que 'entró en las nubes tocando el laúd' (árabe al-awd, 'tortuga' -por la forma- y que tampoco se usaba por esos días): el laudes (acento en la a) latino significa loa, alabanza.
Y de hecho, Ceci dio el último gorgorito alabando... ya no sé si al Señor o al Metellus, porque con ese apellido no hay que estarse sin sospechas... Pues ya tenemos que la Chechi murió cantando, con voz propia, a capella y boca chiusa... Para colmo, al alemán inglés George Frideric Handel, que hizo la preciosa Wasser Musik y el Mesiah (con el aleluya casi-casi happy birthday para el rey George) se le ocurrió sobonear al papa -que le entraba al silbidito y a las rancheras del tipo Pero sigo siendo el rey (Alan Otto Kunz García todavía no la patentaba)-, y dio en componer en 1736 (cuatro años antes del Mesías) una Ode for Saint Cecilia's day tan bonita, que Henry Purcell, que había ya compuesto su Laudate Ceciliam en 1683, tuvo que demandarlo desde el infierno (sin mayor ayuda de la SAYCOPE, para variar) por el 'copy right'. De remate, en este siglo pasado, el bruttenoñoñoy de Benjamin Britten lo retomó, comentándolo en Fa menor, en su Anthem for St. Cecilia Virgin -lo cual no le constaba- y ahí fue la de 'toma, mientras' y agárrame el floripondio, porque se volvió, sobre el pucho y por pontifical cédula romana, la santa patrona de nosotros los músicos, los ciegos (doble patrona de Joaquín Rodrigo y de José Feliciano, amén de los del gremio de la latita)... y también de los torturados -que somos pocos pero somos-...
(Advertencia: Los músicos de profesión /no lean este colofón, /sólo toquen saxofón) Colofón
Explicación irreverente del mito:
cerca de la iglesia Santa Cecilia en el Trastévere romano se encuentran las ruinas del templo de la Bona Dea Restituta (ojo con el adjetivo). Esta ‘buena diosa de la restitución' -de la salud, entiéndase- era la diosa romana que curaba la ceguera. La palabra latina para 'ceguera' es cæcitas, muy cercana a cæcilia).
Bibliografía al paso: *Heinrich von Kleist, Die heilige Cäcilie oder die Gewalt der Musik (Santa Cecilia o la fuerza de la música) * Anales del Colegium Musicum (donde estudió la preciosa bataclana Cecilia Combe).