22 de noviembre: Santa CECILIA de los músicos

Hartmann Schedel, 1493

a Cecilia Granadino y su voz cantarina
Fue una noble romana (c. 200 dC.) cuyo nombre significa en latín 'cegadora' (quizás por su belleza). Casó con un importamte miembro de la familia Metellus (que hasta papa tuvo).
Como eran tiempos de cambios de camiseta religioso-política, ella le juró al Metellus novio que sólo sería suya si se convertía a la fe de Cristo. La sección 'pagana' (como Althaus o El Comercio) de la familia contrayente, la llevó a 'seguridad del estado', donde se dispusieron a hacerla abjurar de la fe cristiana. Doña Cecilia se cerró en sus trece y 'no quiero, no quiero...aunque me arranquen el cuero...'

Entonces el prefecto sobón, algo así como el Rafael Rey del senador Metellus, ordenó que le corten el cuello: qué tan malo sería el acero ('made in China') que -dicen las Acta martyrologium hieronymianum- 'sólo sangró un poco por la herida y se puso a cantar durante tres días'. Cronista hay que asegura haberla visto cantando y bailando 'No morirá' -del grupo DLG- con el mejor saoco: http://www.youtube.com/watch?v=Y3TU8ny6d8o

Pues para cambiar ese 'milagro', fue condenada a ser ahogada en la tina de su palacio -como a las palomas de semana santa 'para no derramar su sangre inocente'- y, entre gluglús y gluglúes, expiró y entregó el equipo -siempre cantando-, no sin sacarle cachita al tío y a la tía Metellus que tanta inquina le tenían por 'morenita'.
Ya los decires de que murió 'tocando el órgano' -lo cual me parece un insulto tremendo a tan casta virgen- son un invento del despistado copista de cuyos textos hizo uso Geoffrey Chaucer, genial inglés que escribió en perfecto francés de Londres sus Cuentos de Canterbury:
And whyl the organs maden melodye / To God alone in herte thus sang she
(Y mientras los órganos hacían melodías / a Dios solo en el corazón así cantó ella ...)
y transcribió (¿no les digo que despistado?) 'intrumentos de tortura' (candentibus organis) por instrumentos 'cantantes'-musicantes- (canentibus organis) y entonces, la antífona ya citada acabó diciendo:
Venit dies in quo thalamus collocatus est, et, cantantibus organis, illa in corde suo soli Domino decantabat: Fiat Domine cor meum et corpus meus inmaculatum et non confunda...
'Vino el día en que se colocó la tarima -thalamus collocatus est-(de tortura, y no 'en que el matrimonio se celebró') y 'durante los instrumentos candentes', ella en su corazón a su único Señor cantaba -candentibus organis... illa decantabat-: Haz, Señor, mi corazón y mi cuerpo inmaculados y sin confusión (alguna).' No era, pues, su banquete nupcial, sino más bien el momento del martirio.

Pero ya la palabra latina organum comenzaba a usarse para designar el recién inventado ‘órgano’ -que no existía cuando la Ceci- y cundió la especie: "ella cantaba y se acompañaba con el órgano" y, a partir del gótico siglo XV (mucho después del siglo de nuestro Chaucer) se empezó a pintar a la santa con un organillo portátil o con clavicémbalos.
Rafael Sanzio, 1570
Otros, como el papa Gregorio XIII (una sota vestida de sotana) la barajaron -tan concientes estaban de la brutalidad del 'mal latín' llegado a Geoffrey Chaucer- diciendo que 'entró en las nubes tocando el laúd' (del árabe al-awd, 'tortuga' -por la forma- y que tampoco se usaba por esos días): el laudes (acento en la a) latino significa loa, alabanza.
Y de hecho, Ceci dio el último gorgorito alabando... ya no sé si al Señor o al Metellus, porque con ese apellido no hay que estarse sin sospechas... Pues ya tenemos que la Chechi murió cantando, con voz propia, a capella y boca chiusa...

Para colmo, al alemán-inglés George Frederic Händel, que hizo la preciosa Wasser Musik y el Mesiah (con el aleluya casi-casi happy birthday para el rey George) se le ocurrió sobonear al papa -que le entraba al silbidito y a las rancheras del tipo Pero sigo siendo el rey (Alan Otto Kunz García todavía no la patentaba)-, y dio en componer, en 1736 (cuatro años antes del Mesíah), una Ode for Saint Cecilia's day tan bonita, que Henry Purcell, que había ya compuesto su Laudate Ceciliam en 1683, se desconoció y dio en demandarlo desde el infierno (sin mayor ayuda de la SAYCOPE, para variar) por el 'copy right'.
De remate, en este siglo pasado, el brutten oñoñoy de Benjamin Britten lo retomó, comentándolo en Fa menor, en su Anthem for St. Cecilia Virgin -lo cual no le constaba- y ahí fue la de 'toma, mientras' y agárrame el floripondio, porque se volvió, sobre el pucho y por pontifical cédula romana, la santa patrona de nosotros los músicos, los ciegos (doble patrona de Joaquín Rodrigo y de José Feliciano, amén de los del gremio de la latita)... y también de los torturados -que somos pocos pero somos-...

(Advertencia: Los músicos de profesión /no lean este colofón, /sólo toquen saxofón)

Colofón
Explicación irreverente del mito:
cerca de la iglesia Santa Cecilia, en el Trastévere romano, se encuentran las ruinas del templo de la Bona Dea Restituta (ojo con el adjetivo). Esta ‘buena diosa de la restitución' -de la salud, entiéndase- era la diosa romana que curaba la ceguera. La palabra latina para 'ceguera' es cæcitas, muy cercana a cæcilia).

Bibliografía al paso:
* Heinrich von Kleist, Die heilige Cäcilie oder die Gewalt der Musik (Santa Cecilia o la fuerza de la música)
* Anales del Colegium Musicum (donde estudió la preciosa bataclana Cecilia Combe).
VH 22 de noviembre 2011



26 de octubre: Homenaje a Wáshington Delgado

Omar y los astros
in memoriam

Supondré que el amor aún no existía.
La Singularidad aún no era el día,
ni la noche, ni esferas, ni destellos
de los ojos del cielo: epifanía...

Esto supo Jayyam, el que añoraba
comprender este mundo que giraba
en sueltos torbellinos, y a uno de ellos
le llamó amor, para sentir que amaba.

Vértigo irracional, el torbellino
entorpeció su vuelo en piedra inerte.
Omar cantó ese amor, y odió el destino
de saber que avanzaba hacia la muerte.

Esa congoja tuvo, y en el vino
quiso apagar lo amargo de su suerte,
y en los astros visibles, adivino,
leía ese dolor que el verso vierte.

Sintió su vida trunca, sin sentido,
falaz su verba, inútil su carrera
mellada por la tarde, y vuelta nido
del cuervo la mansión que construyera:

Dejó, como señal de lo que ha sido
piedra de amor, la arena del olvido...

Piedra de amor:
arena del olvido...
eso fue todo.

Nada más supo.
De su canto de amor
hizo una jarra
para verter, sin fin,
esa cosmogonía:

Una sombra, la torre
de los jazmines,
ese viejo color,
la mar, delfines…
y en los confines,
la piedra del dolor,
los serafines...

Cosmogonía: la alfombra de arrayán,
la agonía en la sombra: Omar Jayyam.

hasán az-zâlab VH

CENTENARIO de José María Arguedas,

Huérfano de madre, fue criado por los sirvientes indios y, según su propio testimonio, aprendió quechua antes que español. Fue traductor y recopilador de mitos, leyendas y canciones quechuas, y se dedicó a la antropología convencido del valor de la música y la poesía de un pueblo del que se sentía parte. Fue mucho más que un indigenista: su obra literaria se empeñó en trasladar a las formas modernas de la narración y al lenguaje castellano -sin desvirtuarla- una visión del mundo "otra", dando cuenta de las contradicciones de la sociedad y la cultura peruanas. En ese esfuerzo se jugó su vida. Desgarrado entre dos mundos antagónicos, aquejado de una depresión que se le hizo crónica, se suicidó de un balazo en 1969.

Lo recorremos en sus libros mayores; sus cartas a Ángel Rama, estudioso de su obra y amigo personal; su legendaria polémica con Julio Cortázar que enfrentó dos formas de entender la literatura, además de los testimonios personales de su editor argentino y su psiquiatra uruguayo.

Oscar Brando

"La muerte en Perú patria es extranjero…
La vida también es extranjero".
El zorro de arriba y el zorro de abajo


TIEMPO ATRÁS una biografía de Cortázar consideró que su nacimiento en Bélgica no había sido resultado de una estadía accidental de sus padres. Esta investigación desmentía algunos lugares comunes repetidos sobre el trabajo del padre de Cortázar y afirmaba que había ido a Europa a instalarse en forma definitiva y que un fracaso en ese empeño lo había obligado a regresar a Argentina. Otro caso singular fue el descubrimiento, hace años, de que Alejo Carpentier, contra lo que afirmó toda su vida, no había nacido en La Habana sino en Suiza.

Pueden ser dos detalles sin interés. Del primero parecería que no hay nada que decir; del segundo uno puede preguntarse por qué el ocultamiento. Al mismo tiempo si se entiende que los dos escritores tuvieron con Europa una relación particular (pero también la tuvieron Andrés Bello, García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes o Roberto Bolaño) es lícito, para ciertos enfoques psicocríticos, detenerse en el detalle. Porque de acuerdo a estos ni Cortázar, sobre todo, ni Carpentier, se habrían alejado viajando a Europa, sino que ese viaje habría sido el regreso a un origen que, por motivos sumergidos, habría sido denegado. Como se sabe Freud definía muy bien la denegación a partir de un hipotético ejemplo de terapia: cuando un paciente cuenta un sueño y dice "esa no era mi madre", es porque es la madre.

UNA HIPóTESIS. Puede encontrarse en Internet el seguimiento de una afirmación que hiciera Luis Valcárcel en sus Memorias: "José María Arguedas era hijo natural de un abogado de vida irregular". Un investigador solitario, Walter Saavedra, director de la publicación Tutaykiri, desde hace tiempo se propuso seguir la pista abierta por Valcárcel y la indagación iniciada en los ochenta por el profesor Blandy Gutiérrez Palomino. Las pistas de Gutiérrez conducían a Huanipaca, distrito de la provincia de Abancay en el departamento de Apurímac, y hasta una india de nombre Juanita Tejada, sirviente en la hacienda Karkeki, propiedad de don Manuel María Guillén, casado con la hermana del padre de Arguedas. Según esta historia mal documentada, Víctor Manuel Arguedas habría pasado la Semana Santa de 1910 por la hacienda de su cuñado y seducido a la joven Juanita que debía tener 14 años. La muchacha habría dado a luz hacia fin de año un hijo que, a las pocas semanas, fue entregado por los franciscanos a su padre. Si así ocurrió, José María fue llevado con su padre y con Victoria Altamirano Navarro a Andahuaylas donde figura haber nacido el 18 de enero de 1911 y bautizado el 25 de febrero. Vivió con Victoria hasta la muerte prematura de ésta en abril de 1914. A partir de allí, y hasta el segundo matrimonio de su padre en 1917, el lugar de residencia de José María es impreciso, aunque se afirma que vivió en la casa de su abuela en Andahuaylas. Pero atrevidas especulaciones de Saavedra, luego de una investigación de campo que hiciera en 2004 en Huanipaca, insinúan que el pequeño podría haber vuelto a la hacienda Karkeki con su madre, luego de la muerte de Victoria Altamirano.

Hemos calificado la investigación como aislada y mal documentada. Es muy poco probable que José María haya estado entre los 3 y los 6 años viviendo con su madre Juanita y que ningún recuerdo le haya quedado de esa convivencia. La idea de que Arguedas negara su origen iría a contrapelo de todos sus pronunciamientos acerca de su proximidad a la cultura quechua y de la necesidad terapéutica que se impuso a partir de 1960 de hacer explícitas sus complicaciones de carácter emocional. "Yo no me acuerdo de mi mamá. Es una de las causas de las perturbaciones emocionales y psíquicas", le dijo a Sara Castro-Klarén en las entrevistas que le concedió en 1966 y 1967. En el caso de ser cierta la maternidad de Juanita Tejada, este velo indica que o bien José María no volvió nunca a verla o si la volvió a ver lo hizo sin saber que era su madre. No se recorta con claridad entre las numerosas figuras maternas que irrumpen en la obra de Arguedas ni aparece en los recuerdos que desgranó a partir del Primer Encuentro de Narradores Peruanos en Arequipa en 1965, en los registros autobiográficos que se acentuaron en el último volumen de cuentos Amormundo o en el diario que introdujo en la novela El zorro de arriba y el zorro de abajo. Entre las endebles pruebas que exhibe el creador de la tesis Arguedas-hijo-natural están las menciones a Huanipaca en la obra de Arguedas, una escena de violación que se produce en el cuento inédito en vida del escritor, "Mar de harina", publicado en Marcha en 1966 como preparación de la última novela, y parecidos físicos o declaraciones imprecisas de gente del lugar.

Hay algo descabellado en la tesis, si con ella se desea mostrar que la insistente afirmación de Arguedas de pertenecer al mundo indio tuvo una razón de origen, un componente atávico que Arguedas desconoció pero que actuaba sobre él. Algo que se ve habitualmente en el melodrama (el teleteatro es solo una exageración reciente de esto) es que el personaje realiza acciones inexplicables conducido por causas que desconoce. El atractivo que Arguedas sentía por el mundo indígena y que lo llevó incluso a falsear la prioridad de sus lenguas (no es demostrable que manejara en su niñez mejor el quechua que el español como él afirmó rotundamente, y es más bien seguro que su lengua principal fuera el castellano) no necesita la leyenda del niño expósito. Alcanza con la forma en la que fabuló su orfandad (wakcha), su vivir errabundo, su "forasterismo", la representación de un mundo unanimista que lo resguardaba en el contacto con la naturaleza, la violencia generada por una sociedad marcada por un profundo desprecio al indio y, en este sentido, una condición emocional personalísima que lo ponía siempre en el lugar sufriente.

La lengua materna. El desarrollo de la obra de Arguedas puede verse como una revelación o anagnórisis (descubrimiento), pero no sólo de esa identidad escondida, no reconocida. Apuntó hacia otro objetivo que lo trascendía, sin dejar la búsqueda original. Buscó una lengua que pudiera expresar el plus de sentido que, según él creía, se les seguía escapando a las literaturas indigenistas. A partir de esa convicción Arguedas comenzó a especular con la posibilidad de una lengua literaria, no mimética (rechazaba, en sus comienzos, la imitación del español que hablaban los serranos cuando bajaban a la costa) que encontrara, en una reformulación del castellano, algo próximo a la cosmovisión quechua. Esa, podríamos decir, fue la imagen de madre que persiguió Arguedas a partir de la invención de una "lengua materna".

Desde los primeros intentos fallidos de principios de la década del ´30, Arguedas fue avanzando en una teoría de la lengua quechua, que desarrolló hacia 1950 y que culminó en la novela Los ríos profundos (1958) publicada luego de años de trabajo. En esta novela, desde el primer capítulo, Arguedas no solo se presenta como traductor del quechua sino como inventor de formas pasibles de expresar la crispadísima subjetividad de su personaje. Ernesto, el protagonista adolescente, recuerda, al tocar las piedras del Cuzco las canciones quechuas que refieren al "yawar mayu", el río de sangre. Pero como él siente las piedras moverse bajo sus manos piensa si no se podría decir "yawar rumi", piedra de sangre, o "puk-tik yawar rumi", piedra de sangre hirviente. Arguedas creyó hallar aquí el mejor modelo de síntesis, de armonía de mundos, de literatura transculturada como luego la llamaría Ángel Rama. Fue la culminación (la cima está en el capítulo 6 "El zumbayllu") y el comienzo doloroso de una nueva anagnórisis, un nuevo reconocimiento que le consumiría los años finales de su vida hasta el suicidio.

La década del ´60 revelará todos los sentidos de esa crisis. Por un lado, los signos de la violencia social y mítica que se ambientaba en los patios del internado de Abancay y en la rebelión de las chicheras en Los ríos profundos, mutaría en violencia desagregadora en El sexto, la novela que recrea su experiencia carcelaria. Al mismo tiempo Arguedas descubre la incompatibilidad del quechua y el español y comienza a escribir algunos textos en la lengua andina. Poemas sobre todo, también un cuento, quisieron abrir el cauce de una literatura quechua; al final escribirá en quechua una carta a Hugo Blanco, el guerrillero preso que había encabezado levantamientos campesinos. En esos años recrudecen sus problemas psíquicos, comienzan sus tratamientos y entre las recomendaciones que sus terapeutas le dan está la de escribir sus experiencias traumáticas. Surgen entonces su tan citada conversación en el Encuentro de Narradores en 1965, sus declaraciones a Castro-Klarén, la escritura del relato que luego devendría el conjunto de cuentos Amormundo y la confección de un diario que finalmente formaría parte de la novela El zorro de arriba y el zorro de abajo. En esta novela la dicción de los personajes es un caos irreparable, Arguedas parece conformarse muchas veces con la transcripción fiel de los testimonios grabados en la costa, hay una renuncia a cualquier tipo de organización conocida (tal vez se esté, como supone Lienhard, ante un nuevo tipo de relato) hasta el punto de suspender el desarrollo de la trama para presentar su fragmentación en los que llama "hervores". Si regresamos al razonamiento anterior, el fracaso de la lengua lo habría devuelto a la orfandad de origen.

El poder de los débiles. Arguedas hizo un primer intento de suicidio en 1966, y al final consiguió su objetivo en 1969. Pero el recorrido por los datos anteriores no tiene como finalidad explicar lo inexplicable, el suicidio, sino ese extrañamiento que Arguedas descubrió temprano, que intentó rebatir a través de su literatura, que le permitió la escritura de su relato cumbre y le exigió, en los años finales, un desnudamiento que, junto a la derrota de la transculturación, le fue debilitando su afán por vivir.

Un artículo de Mercedes López-Baralt plantea las "Tres llaves andinas para acceder a la escritura de Arguedas": Wakcha, Pachakuti y Tinku. El término quechua wakcha significa la orfandad. Está cargado de la pobreza material pero también del estado de ánimo de soledad, el abandono, el no tener a quién acudir. Wakcha es también el forastero, el desterrado, el migrante que no tiene qué dar y por lo tanto está en condición de huérfano. El personaje de "El sueño del pongo" (1965) será "huérfano de huérfanos". Lo peculiar es que esos desposeídos son los que contienen el poder de producir el pachakuti, de voltear el mundo e imponer justicia. Sin duda es el cuento "El sueño del pongo", escrito en quechua, el que informa mejor ese mesianismo andino que nace en el mito del Inkarrí, recogido y traducido por Arguedas una década antes. El tercer concepto, tinku, refiere al lugar de encuentro de elementos provenientes de campos diferentes. Toda la obra de Arguedas se construye sobre la intersección de dos mundos que proponen culturas disímiles, pero es sin duda en la última década en la que esos dos mundos inasimilables le proponen un conflicto irresoluble. En la novela de los zorros con que Arguedas cierra su vida esa oposición alcanza su máximo tono. La sierra invade la costa y la andiniza en un proceso inverso de la utópica tarea de civilizar, sobre todo porque la civilización, la ciudad, el puerto pesquero donde se desarrolla la novela está poluido por la explotación, la extranjerización y no solo ha barrido con la cultura ciudadana sino que degrada hasta lo ininteligible todas las lenguas que lo habitan. El zorro de arriba y el zorro de abajo luchan agónicamente adentro de un sujeto, el escritor, que no consigue que el optimismo venza al sentimiento de desarraigo, al extrañamiento.

Dice López-Baralt luego de citar del Encuentro de Narradores un penúltimo pronunciamiento de fe en la demolición de las distancias entre urin (abajo) y hanan (arriba): "Se trata del mismo optimismo voluntarioso -tanto más conmovedor en tanto nace de la angustia personal que ha visto cómo la orfandad biográfica se torna en desarraigo cultural y, ya en la plenitud de su vida y de su carrera, en marginación profesional- que lo mueve a emprender la escritura de la última novela".

Todavía en 1968, cuando recibió el premio Garcilaso de la Vega, dijo Arguedas: "Yo no soy un aculturado. Yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz habla en cristiano y en indio, en español y en quechua. Deseaba convertir esa realidad en lenguaje artístico y tal parece, según cierto consenso más o menos general, que lo he conseguido". El 28 de noviembre de 1969 puso fin a esa demoníaca felicidad.

La polémica "Arguedas-Cortázar" (1967-1969)

Golpe por golpe
Carlos Cipriani López

EN 1967 JULIO CORTÁZAR fue invitado a colaborar con la revista Casa de las Américas. Debía escribir un ensayo en torno a la situación de los intelectuales latinoamericanos por aquellos tiempos. El argentino cumplió sin demorarse pero entregando un trabajo epistolar. La carta abierta, fechada el 10 de mayo de 1967 y dirigida al poeta cubano Roberto Fernández Retamar, le permitió a Cortázar dar cuenta del carácter voluntario de su exilio en París, donde por entonces ya había vivido más de 15 años, y destacar cuáles eran para él las raíces de lo latinoamericano, la definición de lo autóctono, la cultura regional y la visión supranacional.

Antes de promediar el texto, que se publicó por primera vez en La Habana, en el Nº 45 de Casa de las Américas, dice Cortázar: "El telurismo, como entiende entre ustedes un Samuel Feijoo, por ejemplo, me es profundamente ajeno por estrecho, parroquial y hasta diría aldeano; puedo comprenderlo y admirarlo en quienes no alcanzan, por razones múltiples, una visión totalizadora de la cultura y de la historia, y concentran todo su talento en una labor `de zona`, pero me parece un preámbulo a los peores avances del nacionalismo negativo cuando se convierte en el credo de escritores que, casi siempre por falencias culturales se obstinan en exaltar los valores del terruño contra los valores a secas, el país contra el mundo".

Más adelante, ingresando ya en una especie de análisis altanero donde el destino de la producción propia se usa como argumento incontrastable, agrega Cortázar: "me asombra que a veces no se advierta hasta qué punto el eco que han podido despertar mis libros en Latinoamérica se deriva de que proponen una literatura cuya raíz nacional y regional está como potenciada por una experiencia más abierta y más compleja, y en la que cada evocación o recreación de lo originalmente mío alcanza su extrema tensión gracias a esa apertura sobre y desde un mundo que lo rebasa y en último extremo lo elige y lo perfecciona".

El 13 de mayo, en el "Primer diario", anticipado en el Nº 6 de la revista Amaru correspondiente al trimestre abril/junio de 1968 -y luego incluido en la novela póstuma El zorro de arriba y el zorro de abajo- José María Arguedas decidió contragolpear. Entre los receptores de la polémica, desde entonces también las opiniones y balances críticos aparecen divididos. Mario Vargas Llosa, por ejemplo, opinó que Cortázar llevó la razón de modo transparente de principio a fin. Pero hubo y hay otros análisis a tener en cuenta.

causas del escritor. En su primera respuesta, en pocas palabras Arguedas opinó que Cortázar aparecía decidido a "aguijonear con su `genialidad`, con sus solemnes convicciones de que mejor se entiende la esencia de lo nacional desde las altas esferas de lo supranacional".

Aunque también hay quienes definieron la polémica en cuestión como "un diálogo de sordos", lo cierto es que no lo fue en todo momento. Resultó por pasajes un combate en extremo complejo, debido a la multiplicidad de planteos, sea a nivel intelectual, psicológico, ético o estético.

Sin caer aquí en anacronismos, sino a la luz de elaboraciones teóricas que ya se planteaban en la segunda mitad del siglo XX, puede decirse que Arguedas aparecía defendiendo una literatura transcultural, no meramente regional, aunque no siempre lo estableciera con claridad. Por otro lado, aun sin proponérselo, fustigaba lo que hoy puede interpretarse como una especie de literatura transnacional (o "visión des-nacionalizada", término que usó Cortázar aunque sólo para referirse a su alegría de haber salido de la Argentina y así haber podido seguir desde Europa la revolución cubana). En la carta, Cortázar llega a confesar: "si me hubiera quedado en la Argentina, mi madurez de escritor se hubiera traducido de otra manera, probablemente más perfecta y satisfactoria para los historiadores de la literatura, pero ciertamente menos incitadora, provocadora y en última instancia fraternal para aquellos que leen mis libros por razones vitales y no con vistas a la ficha bibliográfica o la clasificación estética". Más adelante, su planteo transnacional (o "planetario", como lo llama) queda otra vez parcialmente en evidencia: "la argentinidad de mi obra ha ganado en vez de perder por esa ósmosis espiritual en la que el escritor no renuncia a nada, no traiciona nada, sino que sitúa su visión en un plano donde sus valores originales se insertan en una trama infinitamente más amplia y más rica y por eso mismo -como de sobra lo sé yo aunque otros lo nieguen- ganan a su vez en amplitud y riqueza, se recobran en lo que pueden tener de más hondo y de más valedero".

La transculturación en cambio se presentaba descripta ya desde los años ´40 del siglo XX (según lo enunció el antropólogo cubano Fernando Ortiz en el libro Contrapunteo cubano del tabaco y del azúcar) como un proceso de choques y encuentros creativos entre diversas culturas, donde una adquiere elementos de otra. Esta idea fue asumida y empezada a reformular a comienzos de los ´70 por el crítico uruguayo Ángel Rama, quien justamente citó como ejemplo de narrador de la transculturación a José María Arguedas, junto a Rulfo, Guimaraes Rosa y García Márquez.

profesionales. Según Cortázar, en el tercer mundo la profesión de escritor a fines de los ´60 aún merecía casi siempre "una mirada de reojo". Arguedas por su parte afirma también en su Primer Diario, el 15 de mayo: "había decidido hablar hoy algo sobre el juicio de Cortázar respecto del escritor profesional. Yo no soy escritor profesional, Juan (Rulfo) no es escritor profesional, ese García Márquez no es escritor profesional. ¡No es profesión escribir novelas y poesías! O yo, con mi experiencia nacional, que en ciertos resquicios sigue siendo provincial, entiendo provincialmente el sentido de esta palabra oficio como una técnica que se ha aprendido y se ejerce específicamente, orondamente para ganar plata. Soy en ese sentido un escritor provincial; sí, mi admirado Cortázar; y, errado o no, así entendí que era don Joao (Guimaraes Rosa) y que es don Juan Rulfo. Porque de no, Juan, que conoce al infinito el oficio, no debería ser pobre. Yo tuve que estudiar etnología como profesión; el Embajador (Guimaraes Rosa) fue médico; Juan se quedó en empleado. Escribimos por amor, por goce y por necesidad, no por oficio. Eso de planear una novela pensando en que con su venta se ha de ganar honorarios, me parece cosa de gente muy metida en las especializaciones. Yo vivo para escribir, (...) para interpretar el caos y el orden. ¡Ah! La última vez que vi a Carlos Fuentes, lo encontré escribiendo como a un albañil que trabaja a destajo. Tenía que entregar la novela a plazo fijo. Almorzamos, rápido, en su casa. Él tenía que volver a la máquina. Dicen que eso mismo les sucedía a Balzac y a Dostoievski. Sí, pero como una desgracia, no como una condición de la que se enorgullecieran".

Provincianos. El 17 de mayo Arguedas subrayó una obsesión desafiante, pero no "idiota" como la calificó Cortázar: "Así somos los escritores de provincias -dice Arguedas-, estos que de haber sido comidos por los piojos, llegamos a entender a Shakespeare, a Rimbaud, a Poe, a Quevedo, pero no el Ulises. ¿Cómo? Dispénsenme. En esto de escribir del modo como lo hago ahora ¿somos distintos los que fuimos pasto de los piojos en san Juan de Lucanas (...), distintos de Lezama Lima o Vargas Llosa? No somos diferentes en lo que estaba pensando al hablar de provincianos. Todos somos provincianos, don Julio (Cortázar). Provincianos de las naciones y provincianos de lo supranacional que es también, una esfera, un estrato bien cerrado, el del `valor en sí`, como usted con mucha felicidad señala".

A esto y otros cuestionamientos responderá Cortázar en la entrevista que publicó la revista Life en español el 7 de abril de 1969. Como afirma Mabel Moraña -en un trabajo incluido en el libro de varios autores José María Arguedas: hacia una poética migrante editado por la Universidad de Pittsburgh en 2006-, con lo que declara a Life, como en otras instancias de la polémica, Cortázar encarna: "el cosmopolitismo europeizante, (...) frente al telurismo militante y atormentado del peruano. (....) Arguedas, que ha pasado a representar dentro de los estudios latinoamericanos el prototipo del productor cultural postcolonial, defiende el vínculo entre su asentamiento `provinciano` (...) e, implícitamente, el acceso a saberes locales. Cortázar, por su lado, fundamenta los beneficios de la distancia (...). Podría decirse que en Cortázar se representa de manera casi paradigmática la índole dual del migrante y la necesidad de este sujeto de articular pérdida y reinserción cultural, el aquí y el allá, las contradictorias relaciones con la lengua y la comunidad propias y adoptadas, las nociones de identidad y diferencia, territorialidad y forasterismo. (...) El ideal al que remite la visión de Cortázar depende de un concepto de historia universal que no es ajeno a los modelos eurocentristas -etnocentristas- que se aplicaran en América Latina desde la organización de los estados nacionales".

desde parís. Entre mucho más, declaró Cortázar a Life: "De golpe me acuerdo de un tango que cantaba Azucena Maizani: `No salgas de tu barrio, sé buena muchachita, cásate con un hombre que sea como vos, etc.`, y toda esta cuestión me parece afligentemente idiota en una época en que por una parte los jets y los medios de comunicación les quitan a los supuestos `exilios` ese trágico valor de desarraigo que tenían para un Ovidio, un Dante o un Garcilaso, y por otra parte los mismos `exiliados` se sorprenden cada vez que alguien les pega la etiqueta (...). Hablando de etiquetas, por ejemplo, José María Arguedas nos ha dejado como frascos de farmacia en un reciente artículo publicado por la revista peruana Amaru. Prefiriendo visiblemente el resentimiento a la inteligencia, lo que siempre es de deplorar en un cronopio, ni Arguedas ni nadie va a ir demasiado lejos con esos complejos regionales, de la misma manera que ninguno de los `exiliados` valdría gran cosa si renunciara a su condición de latinoamericano para sumarse más o menos parasitariamente a cualquier literatura europea. A Arguedas le fastidia que yo haya dicho (en la carta abierta a Fernández Retamar) que a veces hay que estar muy lejos para abarcar de veras un paisaje, que una visión supranacional agudiza con frecuencia la captación de la esencia de lo nacional. Lo siento mucho, don José María, pero entiendo que su compatriota Vargas Llosa no ha mostrado una realidad peruana inferior a la de usted cuando escribió sus dos novelas en Europa. (...) Cuando usted dice que los escritores `de provincias`, como se autocalifica, entienden muy bien a Rimbaud, a Poe y a Quevedo, pero no el Ulises, ¿qué demonios quiere decir? ¿Se imagina que vivir en Londres o en París da las llaves de la sapiencia? ¡Vaya complejo de inferioridad, entonces! (...) A manera de consuelo usted agrega: `Todos somos provincianos, provincianos de las naciones y provincianos de lo supranacional` . De acuerdo; pero menuda diferencia entre ser un provinciano como Lezama Lima, que precisamente sabe más de Ulises que la misma Penélope, y los provincianos de obediencia folklórica para quienes las músicas de este mundo empiezan y terminan en las cinco notas de una quena."

sobre lo autóctono. En resumen de lo analizado por Mabel Moraña, la literatura arguediana "reivindica las visiones y matrices conceptuales de pueblos devastados por el colonialismo que sobreviven en los márgenes de la nación moderna". Enfrentada a eso, polarizada, aparece la visión de Cortázar. Dice al respecto Moraña: "La ligereza con que el argentino decide ignorar, desde su asentamiento parisino, la importancia de lo local y con la que asimismo despacha el tema de la raza, es reveladora de su propio condicionamiento cultural como ciudadano de uno de los países más europeizados y pretendidamente `blancos` de América Latina".

También para Life dijo Cortázar: "En Cuba me preguntaron hace poco qué grado de importancia le daba al sentido autóctono de un escritor, y hasta qué punto esa utilización del contexto cultural, de la tradición de raza, constituían exigencias para mí. Contesté que la pregunta me parecía ambigua en la medida en que la noción de autóctono también lo era. De hecho, ¿qué quiere decir exactamente `contexto cultural` en nuestro tiempo? Si lo reducimos a la cultura exclusivamente regional, no vamos demasiado lejos en América Latina, ¿Y `tradición de raza`? Conozco el uso que pueden hacer de estas expresiones aquellos para quienes la realidad tiende siempre a parecerse a una guitarra. A un indigenista intransigente, Borges le preguntó una vez por qué, en vez de imprimir sus libros no los editaba en forma de quipus. La verdad es que todo esto es un falso problema".

Respuesta a la fama. Después de esto, el 18 de mayo de 1969, en el Tercer Diario (que interrumpe como los dos anteriores la novela El zorro de arriba y el zorro de abajo), un Arguedas que confiesa estar "otra vez en el pozo, con el ánimo en casi la nada" escribe: "desde la grandísima revista norteamericana Life, Julio Cortázar, que de veras cabalga en flamígera fama, como sobre un gran centauro rosado, me ha lanzado unos dardos brillosos. Don Julio ha querido atropellarme y ningunearme, irritadísimo, porque digo en el primer diario de este libro, y lo repito ahora, que soy provinciano de este mundo, que he aprendido menos de los libros que en las diferencias que hay, que he sentido y visto, entre un grillo y un alcalde quechua, entre un pescador del mar y un pescador del Titicaca, entre un oboe, un penacho de totora, la picadura de un piojo blanco y el penacho de la caña de azúcar: entre quienes, como Pariacaca, nacieron de cinco huevos de águila y aquellos que aparecieron de una liendre aldeana, de una común liendre, de la que tan súbitamente salta la vida. Y este saber, claro, tiene, tanto como el predominantemente erudito, sus círculos y profundidades".

Más sobre exilados. El punto final de la polémica fue la respuesta de Arguedas publicada en El Comercio de Lima el 1º de junio de 1969, que también se reprodujo en varias revistas latinoamericanas y luego en la Edición Crítica de El zorro de arriba y el zorro de abajo, en la famosa Colección Archivos.

Entre algunos de los temas de controversia, el peruano se lanza a revelar, con alguna ironía y duros sarcasmos, los complejos de Cortázar por su exilio voluntario. "Con respecto a usted y los escritores que usted cita como exilados, yo nunca he manifestado duda ni sospecha; al contrario, he sentido un verdadero regocijo por haber creado ustedes -Fuentes es cosa aparte- precisamente en Europa obras que han conmovido e interesado en casi todo el mundo. ¿En qué se funda usted para asegurar que dudo y sospecho? ¿No será, digo yo, que a lo mejor es usted el único que duda y sospecha? (...) Ni Cortázar, ni Vargas Llosa, ni García Márquez son exilados. No sé de dónde ni de parte de quién surgió este inexacto calificativo con el que, aparentemente, Cortázar se engolosina. Ni siquiera Vallejo fue un verdadero exilado. A usted, don Julio, en esas fotos de Life se le ve muy en su sitio, muy `macanudo`, como diría un porteño. No es exilado quien busca y encuentra -hasta donde es posible hacerlo en nuestro tiempo- el sitio mejor para trabajar. A pesar de su pasión y muerte Vallejo escribió lo mejor de su obra en París y quién sabe no habría llegado a tanto si no se hubiera ido a Europa. Empiezo a sospechar, ahora sí, que el único de alguna manera `exilado` es usted, Cortázar, y por eso está tan engreído por la glorificación, tan folkloreador de los que trabajamos in situ y nos gusta llamarnos, a disgusto suyo, provincianos de nuestros pueblos de este mundo, donde, como usted dice, ya se intentaron y funcionan muy eficientemente, los jets, maravilloso aparato al que dediqué un jaylli quechua, un himno bilingüe de más de cinco notas como felizmente las tienen nuestras quenas modernas."

UNA CARTA de arguedas. En más de una ocasión se ha insinuado que la polémica con Cortázar fue determinante para agravar el estado depresivo de Arguedas que lo llevó al suicidio. Empero, hay un documento que retrata al escritor peruano muy conforme con las inmediatas repercusiones que tuvo la polémica en la prensa latinoamericana.

En concreto, la última referencia que dejó por escrito Arguedas se lee en la carta que envió al editor Don Gonzalo Losada, fechada en Santiago de Chile el 13 de junio de 1969. Allí dice: "Espero que se haya usted informado de la `inevitable` réplica que escribí -yo le llamé `comentario`- a los conceptos algo insensatamente despectivos que Cortázar me dedica en un número de Life. Yo le envío el recorte de Ercilla en que aparece mi nota. Marcha, de Montevideo, la publicó muy adecuadamente (...). También se publicó mi nota en el suplemento de El Comercio de Lima. ¡Ojalá! que las agencias de su editorial en Lima, Santiago y Montevideo le hayan enviado los recortes. Las tres publicaciones (...) me han tratado muy bien en los comentarios (...). He recibido cartas de felicitación y el más estimable escritor joven chileno y que es quien mayor prestigio tiene en América Latina, me llamó para no sólo felicitarme sino para `agradecerme` a nombre de su querido amigo Julio, mi nota. Este excelente escritor (quizás Jorge Edwards) cree que todo lo que me veo o me vi obligado a decirle a Cortázar le hará bien, si es que aún tiene oídos para oír las críticas duras, pero bien inspiradas, las considere él exageradas o no".

Borges entre nosotros

I. Borges a través del espejo

Dice mi querido amigo Hugo Manrique Gálvez que en Ginebra, en el cementerio de Pleinpalais, margen izquierda del Ródano, bajo un ciprés, encontraremos una tumba en cuya lápida
hay dos inscripciones en lengua anglo-sajona. Son dos misteriosas invocaciones:


Jorge Luis Borges l899-l986 "And ne forhtedon na"
('y no temieran nada', Balada de Maldon, del s. X).

Y en la cara posterior de la piedra blanca: "Hann tekr sverthit Gram ok / legger i methal theira bert"
('él tomó su espada Gram, y colocó el metal desnudo entre los dos', de la noruega Völsunga Saga 27, del s. XIII.)
Y unos nombres bajo la cita antigua, que nos traerán a las mentes personajes que conocemos desde El Aleph y El libro de arena: "De Ulrica a Javier Otárola".

¿No es éste hermano (o hijo) del hombre del suburbio del Buenos Aires de l89l que comprende, antes de morir, que desde el principio ha sido traicionado, que le han permitido el amor, el mando y el triunfo, porque ya lo daban por muerto?
¿Qué hace el nombre de la única mujer de una historia amorosa de Borges suscribiendo una escritura hecha para invocar a dioses medievales que moran más allá del ruego?

Veinticinco años han transcurrido desde la muerte de este maestro de la literatura mundial y ciento doce desde su nacimiento en el sur del planeta. Llevó en su sangre
la discordia de todo americano desde nuestro Garcilaso: la lealtad a una Europa fatigada, cuyos paisajes vieron crecer a sus antepasados, y el amor a una América que aún amanece y no sabe darse tiempo para escuchar las voces de sus mejores hijos.


Envuelto en la dorada sabiduría de las bibliotecas, amó la simpleza de los humildes y marginales. Enamorado del coraje y la aventura, paseó su sombra por repetidas calles de paredes rosadas en las que se aburrían almacenes iguales.

Eximio nadador de ríos, navegó atlas diversos y ciudades que siempre fueron para él las mismas. Maravillado por los colores de la tarde, de los mapas, de la varia pintura que le ofrecían los libros, se hundió en la penumbra de una ceguera que lo acompañó más de tres décadas.

Refinado latinista, se solazó en el grueso lunfardo de compadritos y malevos. Devoto traductor del judío Kafka, rastreó los orígenes de las lenguas germánicas más allá del Beowulf, las kenningar y las runas.

Obsesionado por los tigres, los cuchillos, los espejos, escudriñó el budismo, que enseña que todo lo sensible es ilusorio. Admirador del álgebra y sus complicaciones, construyó laberintos no menos laboriosos.

Delicioso arabista de Las mil y una noches, cantó a Israel cuando la guerra de los Seis Días.
Rendido a la perfección de Cervantes y Shakespeare, no escribió una sola novela ni un drama ...

Y es que Borges, todo él, es una gloriosa contradicción. Siempre está en lo otro, en lo que ocupa su conciencia, en el objeto de su amor, de su pasión. Como un Midas metafísico, convierte en oro, en Borges, todo lo que toca. Como en la arquería zen, él es el arco, él la flecha, él el blanco. Siempre está allí donde arroja su mirada: es el espejo, es la imagen en el espejo, es el habitante del espejo.

No es casual que Jacques Lacan haga referencia a él en sus Escritos (París,l966) : El estadío del espejo como formador de la función del yo.

Borges nos reconcilia con el universo que habitamos, pero lo hace poniendo una misteriosa seña, una indescifrable runa para recordarnos nuestra limitación y pequeñez. Teje su laberinto de afuera hacia adentro y nos espera en su soledad central para mostrarnos su rostro, que es el rostro de todos y cada uno de nosotros. Por eso, Bertolucci al llevar al cine su cuento Tema del traidor y el héroe ( Ficciones, l944) lo tituló: La estrategia de la araña (Roma, 1970).
Arroja los objetos más diversos en una heteróclita dispersión cuyo común denominador es él. No fue por azar que Foucault escribió, intrigado por Borges, su libro Las palabras y las cosas (París, 1970).

Un triste compadrito del Buenos Aires de l890, sin más virtud que la infatuación del coraje, recibe, erudito, en un idioma que no hubiera comprendido, un epitafio ginebrino en l986. Nuestra vanidad y nuestra nostalgia -diría Borges- han armado una escena imposible.

Así será, Borges. Has muerto, se confunden nuestros tiempos, la cronología se pierde en un orbe de símbolos, y de algún modo es justo decir que te hemos amado y tú lo has aceptado.

II- Borges a través de los Andes

En 1923, J.L.Borges, el ultraísta de 24 años, nos hablaba, en el poema Inscripción sepulcral (1) del bisabuelo, el coronel Isidoro Suárez que “dilató su valor sobre los Andes” e “impuso en la llanura de Junín/ término venturoso a la batalla/ y a las lanzas del Perú dio sangre española”... Bisabuelo que “ahora es un poco de ceniza y de gloria”.

Hacia 1934, a los 35 años, intentará retener (what can I hold you with) el amor de Beatriz Webster de Bullrich en el segundo de los Two English Poems, ofreciéndole, entre otros tesoros interiores: “mi abuelo materno...dirigiendo la carga de 300 hombres en el Perú, ahora ya fantasmas sobre evanescentes caballos (vanishing horses)” (2).

En 1953, a los 54 años, ante una delicada filigrana poética en la que el abuelo “pensaría que para él había florecido esa rosa: La encarnada batalla de Junín”, irrumpe en el poema la voz del propio abuelo: “qué importa mi batalla de Junín si es una gloriosa memoria, / una fecha que se aprende para un examen o un lugar en el atlas...” la batalla es eterna y puede prescindir de los ejércitos, continúa el abuelo: “Junín son dos civiles que en una esquina maldicen a un tirano, / o un hombre oscuro que se muere en la cárcel”(3). Eran los felones años de la dictadura de Perón.

En el poema Cosas, entre todo aquello que “nadie mira, salvo el Dios de Berkeley”, aparece “el eco de los cascos de la carga de Junín, que de algún eterno modo no ha cesado...”(4) Borges tiene ya 70 años. A los 75, recordará al coronel Suárez en “esa batalla que torció el destino de América”: Junín, resplandeciente como un sueño.”(5)

También recordará, en La suerte de la espada, “el caballo y las luchas del desierto/ San Carlos y Junín, la carga última...” Y entre sus Talismanes habrá “un mate con un pie de serpientes que mi bisabuelo trajo de Lima” (6).

Bien podemos decir que a lo largo de medio siglo, Jorge Luis Borges ha venido reclamándose como descendiente de Junín y reputándose de peruano por la sangre materna. ¿Retórica de buen cuño? Veamos lo que dice a los 77 años:

El Perú

De la suma de cosas del orbe ilimitado
Vislumbramos apenas una que otra. El olvido
Y el azar nos despojan. Para el niño que he sido
El Perú fue la historia que Prescott ha salvado.

Fue también esa clara palangana de plata
Que pendió del arzón de una silla y el mate
De plata con serpientes arqueadas, y el embate
De las lanzas que tejen la batalla escarlata.

Fue también una playa que el crepúsculo empaña
Y un sigilo de patio, de enrejado y de fuente,
Y unas líneas de Eguren que pasan levemente
Y una vasta reliquia de piedra en la montaña.

Vivo, soy una sombra que la sombra amenaza,
Moriré y no habré visto mi interminable casa. (7)

Y a los 78, en la hermosa dedicatoria de su Obra poética completa a su madre, con la que compartió “la carga de los húsares del Perú...”
O a los 82 años, en el misteriosísimo poema El forastero, en el que un sacerdote shintoista dice:

Esta mañana nos visitó un viejo poeta peruano. Era ciego.
/ Desde el atrio compartimos el aire del jardín y el olor de la tierra húmeda y el canto de aves o de dioses.
/ A través de un intérprete quise explicarle nuestra fe.
/ No sé si me entendió.
/ Los rostros occidentales son máscaras que no se dejan descifrar.
/ Me dijo que de vuelta al Perú recordaría nuestro diálogo en un poema.
/ Ignoro si lo hará.
/ Ignoro si nos volveremos a ver.” (8)

La encarnada batalla de Junín; esa “vasta reliquia en la montaña”: Machu Picchu; la Lima de los libertadores; el “poeta peruano ciego”; la “vuelta al Perú”; el “poema ignorado”...¿no son formas del amor que nos vienen desde el fondo de los tiempos, en la vasta palabra de nuestro grande Borges?

Sabemos, con certeza, que una tarde de noviembre de 1978, el pintor Fernando de Szyszlo recibió a Borges y a María Kodama en su casa a cenar. Estaban Blanca Varela, Silva Santisteban, Vargas Llosa, Carlos Germán Belli y Javier Sologuren. Hablarían de la tarde más que tibia, del eterno misterio que es la poesía, que a los hombres nos es dado vislumbrar entre nieblas... Como una cortesía para la Kodama, Belli diría que Sologuren conoce la interminable poesía oriental. Se hablaría del Yi Ching, del Tao Te Ching, del Zen, de los haikus, y se haría alguna tangencial mención de la miopía y la serena ceguera compartidas...

¿Surgiría el poema El forastero de esa conversación? ... “Moriré y no habré visto mi interminable casa”... “Yo también soy peruano”, dijo en una de las últimas entrevistas ... La similicadencia de los nombres Eguren-Sologuren habrían instalado la empatía...¿Quién es el “viejo poeta peruano ciego”?... Sologuren tenía 56 años, Borges 79...¿las líneas de Eguren “pasarían levemente”, poniendo una piadosa neblina sobre las duras palabras que Vallejo le dirigiera en la década del ’20, y que alguien le leería hacia 1973?(9) ...”No conozco a Vallejo”, diría en una entrevista, “más bien recuerdo unas líneas de Eguren...”

El Perú: casa, morada, latido, rumor en la sangre de nuestro Borges...Borges, nacido en Buenos Aires, ciudadano peruano por la magia de la sangre y la palabra.



Notas:
(1) Fervor de Buenos Aires. 1923.
(2) El otro, el mismo.1964,
(3) Ibid.
(4) El oro de los tigres.1972.
(5) La moneda de hierro. 1976
(6) Ibid.
(7) Ibid.
(8) La cifra.1981.
(9) Vallejo, César: Contra el secreto profesional. Lima, Mosca Azul, 1973.

Víctor Hugo Velázquez Cabrera
24 de agosto, 2011

Oda a la flor del invierno



oooooooooooooooooooooooola flor, madre de la sonrisa
ooooo ooooooooooooopoooooooooo el Nigromante (1850)

Me pregunto:
¿dónde podré coger vistosas flores?
¿Las de alzada corola para el brillo
de la emplumada y majestuosa toca
del solo emperador,
oooooooooooooooooo de la amada?
Aquellas que atropellan sus colores
cuando es el mediodía,
para alegrar los ojos,
oooooooooooooooooo o esas otras
que suaves se deslizan por la sombra...

- He visto floraciones escondidas
en las secretas grutas de los bosques.
He visto ciertamente
la floración sagrada
de la oscura ladera
de vientos encontrados,
la del pecho oprimido...
He visto en la penumbra de la tarde
el saludo sutil de humildes briznas,
las que apagan discretas sus colores
para entrar en la sombra de los sueños...

- ¿Y aquellas que se abren al olvido,
las que sólo se encienden con ausencias?

- Esas están también entre las puras
flores de teoría y no en las sienes
fatigadas de aromas y de días ...
Las que guiñan al aire entre las frondas,
las que sueltan su pequeña amenaza
al abismo de la áspera montaña...

- ¿Y las que ahitas de beber la niebla
sueltan sólo el aroma de la ciénaga?
Hay un lirio feliz tallado en agua,
purísimo cristal
oooooooooooooointruso en tu pantano...
ooooooooooooooooo
(Se te hizo costumbre ir al jardín florido
del ínkil o la huerta...)
oooooooooooooooo
¿Y no aquellas silvestres que se humildan
para verte pasar sin ser notadas?
Ah, no!
Tú ves la Rosa, esa flor inmortal,
la de Platón, la rosa de Piería
o la del persa, la que vieron
Jayam, Martín Adán o Borges...
la que embellece
los eruditos tomos de poesía...

-¿Y aquella inmaterial, la que no ha sido,
la que prepara el día venidero,
la que hoy, 28 de agosto, 2011,
se cierra paulatina con la tarde,
o se abre clandestina hacia la noche...
la que prepara
su entornado capullo tras el huerto,
la que herida de ausencia en su ramada
urde con el olvido
su esbozo de otra flor?

-La flor del bosque
cargado de espesura
y aroma de resinas
¿no te basta ya entonces?
Aquella que discreta melifica
o aquella otra
que deslíe sin prisa su color?
¿La que se mece al aire de las selvas
y da su aroma en nieves,
oooooooooooooooooooopalidece
de ternura o amor desesperado
en los valles y lagos,
la flor de los rocíos: Sullaywayta?

-¿Y las palpitaciones
de pequeñas estrellas sobre el campo
sembrado de arrayán y de retamas?
oooooooooooooo
Tú quieres las del mal,
las de Baudelaire, la flor saxífraga
del florecido cactus,
o la flor del jazmín arrebatada,
la flor de loto
oooooooooooomeditada y oculta,
la flor de arena que aparece en el sueño,
aquella del pensar sobrio y brillante:
la flor de la amistad,
o el clavel andaluz mordido de lujuria,
las azucenas quechuas marchitadas,
el achankáray soltando su perfume,
el pisónay que aturde en los abismos,
la tierna flor de qantu que es emblema
o la oscura amankay que ya se oculta
bajo los mil abrojos del camino
redimiendo el tormento de la espina?

- ¿No recuerdas acaso
la del muro secreto, la que un día
cantaste con dolor:
"madreselva encendida
de una morena
torrecitas de nácar
de blanca almena...
ooooTorre de arena:
ooooazafrán derramado
oooosobre la pena"...?

¿La de la selva madre
que perfuma la noche de las almas
o la del día de amor, jazmín virtuoso
que se suelta en el aire,
o la rosa del pubis nacarada,
del secreto vergel, huerto sellado?

-No.
Busco aquella que alumbra en la mirada
hecha ligeros pétalos de lágrimas,
la que la amada
ooooooooooooohalla dulce en el huerto
cual una novia triste...
la que coge salvaje y la transforma
en una rosa mansa, blanca en copos,
roja de sangre,
o quizás gualda y toda de oros llena...
la que tiembla en el pecho con la música
y se quiere salir atropellada
a la boca de pétalos ansiosos,
a los ojos transidos de cristales
de miríadas de luces
en el cielo del alma...

-Ah... aquella colosal
que late bajo el mar y aflora lenta
disolviendo sus pétalos sangrantes
cada tarde en su nido de esmeraldas...

(La que sabe de tu alma inquieta, alzada,
la que tierna y voraz y descarnada,
muy a solas te sabe hecho de llanto,
y apagado de sombras y de nada...)


VH Velázquez Cabrera

Quechua restituido


Qichwa-simip tiqsili suskin I
Curso básico de lengua quechua

Fichas fundamentales para un quechua 'restituído',
(ponencia para el 4to. congreso de Antropología del 2005)

A Maximilian Jurth.
A Alfredo Torero i.m.

Propuesta para la unificación de los seis quechuas que existen (con sus variantes dialectales) en una lengua común que, recogiendo los trabajos filológicos iniciales de Domingo de Santo Tomás, Torres Rubio y Gonzáles Holguín en el siglo XVI, y primeros años del XVII, avance hasta los esfuerzos de Markham, Middendorf, y Tschudi en la primera república, y llegue hasta la estandarización del protoquechua y sus variantes QI y QII designadas por Alfredo Torero.

En 1962, al lograrse la independencia de Argelia después de una dolorosísima guerra –muy parecida a la que nos sacudió durante 20 años- el gobierno de Ben Bella hizo un anuncio desde su ministerio de cultura: se premiaría el mejor trabajo de traducción de Shakespeare al idioma árabe. Se presentaron muchos trabajos en árabe magrebí, que es el dialecto del África Menor, y algunos otros en árabe literario. El punto es que, después de muchos siglos de carecer de un corpus literario distinto a toda la escolástica coránica, sin otra referencia escrita que unas no muy ordenadas páginas de la recopilación llamada Mil noches y una noche (alf laila wa laila), los arabófonos del Mediterráneo contaban con una exquisita colección de prosas muy bien calibradas, en un árabe fluido y algo confuso para sus propios hablantes, pero lleno de riquezas verbales y finura de expresiones que antes sólo habían sido privativas de los estudios jurídicos de las distintas escuelas musulmanas. Se fue equilibrando la balanza y el árabe volvió a sonar con energía y orgullo en las calles y mercados de Argelia, después de 150 años de preponderancia del francés colonial.

En l519, Lutero clavaba sus 95 tesis en el portal de la catedral de Wotinga, e iniciaba la traducción ciclópea de la Biblia al alemán, que tuvo que inventar las más de las veces. Kant, hacia 1800, continuó con la reforma lingüística y entregó un idioma listo para la reflexión moderna y el avance apropiado con la historia de su pueblo.

Hasta 1870 La Italia no existía como unidad política y cuando Mazzini y Garibaldi la unificaron bajo una sola bandera, quedaba por resolver cual de los muchos “italianos” sería la “lingua franca” para este conglomerado de principados, ducados, y reinos menores. La elegancia del Dante, que estuvo a punto de escribir su Commedia en lengua provenzal, terminó imponiéndose y se hizo lengua oficial el toscano de la Florencia, en desmedro del genovés, del lombardo, del veneciano, del romano, del siciliano, del sardo.

.Una circunstancia parecida es la que necesita darse en nuestro Perú para que se logre expresar toda la riqueza cultural de los Andes: sus pueblos son ahora islas en un archipiélago de confusión, donde la lengua castellana es la única moneda con la que se puede tener acceso a una incierta tranquilidad social.

Si los pueblos antes mencionados recurrieron a la estandarización de una “lingua franca” para poder remontar la pesada carga de la “ahistoricidad”, bien podríamos nosotros echar mano de un “sermo vulgaris” que haga posible la unidad social de los Andes centrales.

La idea no es “fabricar un idioma estándar” para uso de los utopistas. El pueblo quechuahablante tiene muy claro su destino lingüístico. La idea exacta es “producir” una revisión promediada de la lengua dividida en séis idiomas (cuya distancia entre uno y otro puede llegar a ser como la del francés y el castellano) para que los estudiosos de la cultura andina puedan orientarse y encontrar un punto de articulación antes de tomar especialidad en una región y para que aparezca, de una vez por todas, una lengua quechua escrita de modo que pueda ser comprendida desde el Ecuador hasta Tucumán y Santiago de Estero, no importa la pronunciación que se le dé a lo escrito.

Habida cuenta de las pruebas definitivas del método léxico-estadístico glotocronológico aplicado por Alfredo Torero al habla indígena de valles y serranías andinas, es posible encontrar los elementos atávicos de los quechuas vivos hablados en los Andes, desde el azuaíno colombo-ecuatoriano hasta el calchaquí santiaguino-tucumano, y restituirlos en el uso común, teniendo en cuenta siempre la poca o mucha importancia de las variantes del cuzqueño imperial, el ayacuchano pocra y chanca, los muchos dialectos de la sierra central y el huayhuash de Huaraz y Huánuco, hasta las formas aisladas del lamista, el ferreñafeño, y el cajamarca-porcón.

La correspondencia del QA y QB de G. Parker con el QII y QI de A. Torero respectivamente, permite centrarnos en la unificación del grupo QII (QA) en un primer momento, para luego intentar la unificación global en torno al tronco común restituido desde el protoquechua limense del siglo V y los textos coloniales de primera instancia: Catecismo de A. Ricardo, Arte y gramática de Caamaño, crónica de Huarochirí, Gramática de Santo Tomás y Léxico de Gonzáles Holguín.

La falacia del origen cuzqueño del quechua, confundiendo centro de poder, con centro de difusión, ha ocasionado muchos retrasos en esta tarea de unificar los estudios de los pueblos quechuas. Cuando las huestes de Wayna Qapaq llegaron a Tumipampa, en el Ecuador, se sorprendieron de encontrar un idioma tan parecido al que ellos habían elegido hacía sólo 70 años como lingua franca para sus conquistas, comercio y relaciones sociopolíticas.

Este quechua restituido no pretende reemplazar los distintos dialectos en uso sino que ha de ser la puerta de entrada para todo investigador de la cultura del Pacífico sudamericano interesado en la puesta en valor del escondido acervo quechua, capaz de manejar los distintos documentos escritos, y proyectarse hacia una visión enriquecedora de la historia rural andina en el siglo XXI.

Agosto 2005

Cómo pronunciamos I / Imaynam t'uqyachinchis/k?

1. De todas las letras latinas, son 5 las consonantes oclusivas (realización gutural + o - fuerte) que requieren cierta aclaración:
ch, k, p, q, t
Estas se dan en 3 niveles:
oclusivas de valor llano (las mencionadas arriba)

oclusivas glotizadas (con un 'recorte' del aire antes de la vocal):
ch', k', p', q', t'.

oclusivas aspiradas (con leve 'aliento' en su pronuc.):
chh, kh, ph, qh, th.
y que correspondrían a la escrit. castellana:
sh, j, f, j 'caribe', 'ds' o z 'madrileña'

(Estos dos últ. niveles sólo se dan en el q. sureño: desde Andawaylas hacia Bolivia.)

Ej: punku (puerta), phuyu (nube), p'uti (cofre) ...hayk'a (cuánto), llanthu (sombra), etc.

2. La 'h' independiente, con el mismo valor de hálito, sólo ocurre ante vocal inicial: hampi (remedio).

3. La 'q' es oclusiva velar, es la 'qaf' del árabe, o sea una 'k' pronunciada en el punto de articulación de la 'j' castellana:
influye sobre las vocales vecinas ('ambiente de q') transformando la i en e y la u en o: sunqu (corazón, víscera) se oye /sonqo/, qhipa (posterior) se oye /j*epa/...etc.

4. A partir del congreso de La Paz 1954, se acordó reemplazar todas las formas 'cc' de los notarios y pendolistas de la colonia por 'q'. (Arguedas no lo siguió, y abunda en ambivalencias: 'sencca' por sinqa (nariz), sirk'a por sirka (vena, veta)...
Toccsama (en Apurímaq, Andawaylas, caserío de Achachi): de tuqu (léase /toqo/) ventana, hornacina + samay, descanso. ¿De tuqusamana = descanso de ventana, repecho, alféizar... ¿ventanilla funeraria? ...Y peor: los curas escriben 'Toxama' !

* con esa 'j' caribe de 'Juan', que suena /huan/

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Qichwa-simip tiqsili suskin II
Fichas fundamentales para un quechua 'restituído',


Cómo pronunciamos II
/ Imaynam t'uqyachinchis/k II

5. Vistas las 'dificilísimas' oclusivas...podemos con tranquilidad saber que todas las demás letras 'latinas' utilizadas en la escritura del quechua se pronuncian como en el castellano, incluso las diacríticas ch y ll.

6. La w y la y corresponden a u, i en diptongos castellanos: qhichwa (quechua), tayta (taita).
Recordemos que en la ficha 1.3 se explica la transformación 'momentánea' de la i en /e/ y de la u en /o/, sólo en 'ambiente de q' (antes o después y también 'pasando' sobre la n). Queda así ya 'en pie la mesa de tres patas'. Sólo volveremos a tocar las vocales en los quechuas ancashinos y cerreños (I torero/B parker). Por ahora, basta y sobra.

7. El acento (golpe de voz, no tilde) siempre cae en la penúltima vocal...salvo cuando por énfasis se traslada a la última: wasi (casa), wasin (su casa), wasiyki (tu casa), wasiykichu? (¿es tu casa?), mamallay (mi madre sola), pero: mamalláy! (!madre mía única!).

8. Revisemos: De las 28 letras castellanas, se dejan de lado aquellas que podrían trasladar su ambigüedad al quechua:

b/v que es suavización de la p en los dialectos norteños (Cuenca-Cajamarca) y sureños(Apurimaq)
c (/k/ en 'casa' pero /s/ en 'cebolla')
d, suavización de t
e, sólo accidente de 'i' ante 'q'
f, que se presentará como 'aspiración' (ph) de p en el sur
g, confundida con k (inga/inka)
j, aspiración de k (kh) en el sur
o, sólo accidente de 'u' ante 'q'
x, confusión de 'cc', 'j' o 'sh'
z, aspiración de t (ds/th) en el sur...

No es complicar más:
llanthu (cuzq.) lo entendemos mejor comparado con llantu (ayac. = sombra) que la forma 'llanzu'...
alpha (andaw.) mejor, comparado con allpa (ayac. = tierra, polvo) que la forma arguediana 'alfa'...
"...los eucaliptos de Wayccoalfa..." (sic por wayqu-allpa=tierra de quebrada/alud) en El zorro de arriba y el zorro de abajo, 3º diario, 1969.

Victorhugo Velázquez Cabrera

16 de marzo: César Vallejo cumple 119 años

Celebramos al hermano, broche mayor del sonido.

I. Narratura vallejiana

Su enérgica y tersa prosa también sabe sonreir...

Como quiera que el siglo pasado terminó sin un balance sereno sobre esta parte de la obra vallejiana -la narración-, y hasta se pretendió desautorizarla para seguir ciertas modas preceptivas –¡en pleno fin de siglo!–, algunos espíritus desaprensivos, fieles a la ortodoxia de la biografía idolátrica, por la cual “debe borrarse todo recuerdo que empañe la imagen idílica del biografiado”, fingieron un sesudo análisis desaprobatorio, para dejar de una vez por todas sólo la obra poética en pie.

Denunciaron el 'politicismo' en la novela de César Vallejo ¿No lo hay en el Gulliver de Swift? ¿No está presente en la obra de Hugo o en la de Balzac? Lo que querían decir era que la estructura novelística es aún polémica. No repararon en los avances expresionistas de sus cuentos (atmósfera, perfiles, trama, tempo, intriga, forma y fondo). Rechazaron en él lo que aceptaban en Poe, Maupassant, Chejov o Valdelomar. No vieron, no supieron ver, su cercanía a Proust ni a Joyce en el análisis introspectivo de sus personajes, aduciendo 'la brevedad de su ficción narrativa'. Y acabaron por condenar el más conocido y excelente cuento -de factura tolstoiana- Paco Yunque, sólo porque 'fue rechazado por un editor español que había pedido a Vallejo un cuento para navidad y lo había descartado por ser muy triste' (como si no lo fueran Cántico de Navidad, de Dickens o La pequeña vendedora de fósforos, de Andersen). Por último, necio hubo que le increpó el abuso formal de los enclíticos, tan propios de la época.

La incuria, la flojera y, sobre todo, la insensibilidad finisecular -atenta a 'no cargar tintas en la cosa social' y que todavía nos arrastra- terminaron por desterrar al desván de lo 'prescindible' la cuentística vallejiana, tan querible y admirable por tantos otros motivos. Veamos un solo caso:

El 13 de junio de 1923 Vallejo emprendió viaje a Europa. Dejaba atrás las sentidas muertes del hermano y la madre, ciento catorce días de una prisión injusta, y dos poemarios que querían ser hermosos y que ahora ciertamente lo son. Para voltear esa página de su vida dio a imprenta todos los apuntes que tenía, alguno de ellos (1) ganador del premio Entre nous de la comunidad francesa (con cuyo dinero pudo editar Trilce).

Esos apuntes hicieron dos libros en prosa: Escalas (1923), en cuya sección Coro de Vientos hay seis cuentos psicológicos de misteriosa belleza, y Fabla salvaje (1923), saga bucólica sobre el destino en la que encontramos a Santiago, “alter ego del pequeño César añorado en varios textos de Trilce”, según dirá Roberto Paoli (2). Con estos libros bajo el brazo tomó el vapor del Callao a la Rochelle en junio de ese año. No regresaría ya.

No volverá a escribir cuentos -aparte del conocido y alegórico Paco Yunque (1931)- hasta el 35 ó 36 en que Georgette Philippart lo sorprenderá redactando, o corrigiendo, cuatro de ellos en su habitación del hotel de Richelieu en París. Dos de estos cuentos retoman el niño que fue cuarenta años antes: El Vencedor, relato de ambiente escolar como Paco Yunque, y El niño del carrizo, que se ambienta en los bosques de la aldea natal y donde aparece el pequeño César, ya no tangencial ni velado como aquel Santiago de Fabla salvaje, sino como puntual testigo de un recuerdo de niñez: la excursión que hicieran él y su hermano a la espesura del valle hacia 1903 ó 4, cuando César tendría once años de edad y Miguel, el hermano inmediato mayor, unos trece:

“Dos hombres fueron designados para ir a traer de la espesura, la madera necesaria. A costa de artimañas y azogadas maniobras, los dos niños, Miguel y yo, fuimos incluidos en la expedición”.

Si bien en toda la obra poética de Vallejo, Miguel Ambrosio, el hermano, aparece unas seis veces: en la elegía juvenil de la revista Cultura Infantil (1917), en el perfecto epicedio A mi hermano Miguel, in memoriam de Los Heraldos Negros (1918), en los poemas III y XXIII de Trilce (1922), en La violencia de las horas, y en Lánguidamente su licor de Poemas Humanos (1938), en la obra narrativa sólo aparecerá esta única vez, enriquecido por la distancia temporal y magnificado por el sentimiento del hombre ya maduro, en un cuento donde se entrecruza la intensa emoción del “gemelo corazón de esas tardes” con el asombro primordial ante la naturaleza que cobra vida en cada gesto y en cada escorzo del hermano, que aún no ha muerto, y que encarna una como floración andina del dios Pan en su rito de consagración de valles y bosques.

Hacia 1902, sir James Barrie, de Escocia, contó (y luego dio al teatro), en The little white bird, la historia de un niño que no desea dejar la infancia y que pierde su sombra y la encuentra en la amistad de los hermanos Darling: Peter Pan (3). El ambiente feérico de ese cuento nos pone a medio camino entre la leyenda y los cuentos populares: algo parecido a los cuentos de duendes que pueblan nuestro mundo andino, como el Ichik Olqo, personificación del arco iris. No es casual que el pequeño apellide Pan, nombre del dios griego que personifica la fresca brisa mañanera y la tibia del atardecer, representando la vida natural de los pastores: pues ese duende andino, esa aparición telúrica de los bosques, es precisamente el Miguel que nos sale al paso, pletórico de vitalidad, intenso de emoción, vivo y fulgurante ante el recuerdo amoroso del hermano que lo evoca desde París, en un intento de reconstruir el tiempo y capturarlo para siempre: el niño que al recoger la zacuara en los valles cálidos de la cuenca del Marañón se mimetiza con la fauna y flora de ese paisaje y se transforma en una celebración sagrada de la inmensidad de los bosques, haciéndose uno con sus animales, revolcándose con ellos del modo más natural, bebiendo las aguas al modo de las bestias, y haciendo de su cuerpo un arco de electricidad emocional por el que estallará la carga voltaica que lo liga misteriosamente a la naturaleza para siempre, ante los ojos asombrados del hermano menor que se constituye como el yo narrador.

Asistidos de ese amor fraterno queremos reparar en este relato, pleno de fragante vida, frescura poética e intensísima ternura. Así, esta narración pertenece a los anales experimentales del siglo XX, en la más pura tradición de ruptura que caracterizó a la literatura occidental durante el romanticismo y aún después de él. El delineado psicológico de los personajes, su ambientación bizarra, su atmósfera pariente de la kafkiana, el tiempo comprimido en un tempo narrativo intenso, son propios de la nueva cuentística que luego se repetirá hasta el hartazgo, para que sea Cortázar su más lúcido esteta y, a la vez, su más ilustre apóstata: ¿no estamos ante un texto absolutamente al día? ¿no es una muestra de la claridad creativa que hace del narrador un verdadero vate, es decir un profeta, que marcará los caminos a seguir por los innumerables seres prohijados en su delicada y fulgurante prosa, tan americana, tan mundial, tan humana?

Este es el Vallejo que podemos encontrar, más allá de la quejumbre a que nos tiene habituados la pobre crítica literaria de que adolece nuestro país: ésta es la prosa narrativa del Vallejo del amor y la esperanza. Del Vallejo que apuesta por la vida e inaugura un expresionismo vitalista, existencial, humanista.

Que no nos engañe la exaltación con que decimos estas verdades: la calidad de la ficción brota, a despecho del compromiso idolátrico, del mismo texto narrativo.

II. El niño del carrizo
por César Vallejo

La procesión se llevaría a cabo, a tenor de inmemorial liturgia, en amplias y artísticas andas, resplandecientes de magnolias y de cirios. El anda, este año, sería en forma de huerto. Dos hombres fueron designados para ir a traer de la espesura la madera necesaria. A costa de artimañas y azogadas maniobras, los dos niños, Miguel y yo, fuimos incluídos en la expedición.

Había que encaminarse hacia un gran carrizal, de singular varillaje y muy diferente de las matas comunes. Se trataba de una caña especial, de excepcional tamaño, más flexible que el junco y cuyos tubos era susceptibles de ser tajados y divididos en los más finos filamentos. El amarillo de sus gajos, por la parte exterior, tiraba más al amaranto marchito que al oro brasilero. Su mejor mérito radicaba en la circunstancia de poseer un aroma característico, de mística unción, que persistía durante un año entero. El carrizo utilizado en cada Semana Santa, conservado era en casa de mi tío como una reliquia familiar hasta que el del año siguiente viniese a reemplazarlo. De la honda quebrada donde crecía, su perfume se elevaba un tanto resinoso, acre y muy penetrante. A su contacto, la fauna vernacular permanecía en éxtasis subconciente y en las madrigueras chirriaban, entre los colmillos alevosos, rabiosas oraciones.

Miguel llevó a sus cinco perros: Bisonte, color estiércol de cuy; * (4) el más inteligente y ágil; Cocuyo, de gran intuición nocturna; Aguano, por su dulzura y pelaje de color caoba, y Rana, el más pequeño de todos. Miguel los conducía en medio de un vocerío riente y ensordecedor. A medida que avanzábamos, el terreno se hacía más bajo y quebrado, con vegetaciones ubérrimas en frondas húmedas y en extensos macizos de algarrobos. Jirones de pálida niebla se avellonaban al azar en las verdes vertientes.
oooooooo
Miguel se adelantó a la caravana con su jauría. Iba enajenado por un frenético soplo de autonomía montaraz. Henchidas las redes de sus venas, separadas las hirsutas y pobladas cejas por un gesto de exaltación y soberanía personal, libre la frente de sombrero, enfebrecido y casi desnaturalizado hasta alcanzar la sulfúrica traza de un cachorro, se le habría creído un genio de la montaña. Cogía a uno de sus perros y lo arrancaba del suelo a dos manos, trenzando a gruesos manojos el juego de sus músculos lumbares y trazando, con ágiles muñecas, fisóideas crispaduras en el aire. El perro se retorcía y aullaba y Miguel corría de barranco en barranco, acariciando al animal, enardeciéndolo por el fuste dorsal, encendiéndolo en insólita desesperación. Los demás perros rodeaban al muchacho disputándole al cautivo, enfurecidos, arañándole los flancos, arrancándole jirones de sus ropas, mordiéndolo y ululando en celo apasionado. Parecían desconocerle. Miguel se arrojaba de pronto lajas abajo, rodando con el can entre sus brazos. Al sentirse golpeado en la roca fría, el perro se sumía en un silencio extraño, como si deglutiese un bolo ensangrentado e invisible. Entonces, el resto de la jauría callaba también. Los perros se paraban a cierta distancia, moviendo la cola y sacando la lengua amoratada y espumosa.
oooooooooo
Más abajo, Miguel se perdía entre los montículos se sábila, para tornar a salir por una hendidura estrecha, arrastrándose en una charca y contrayendo el tronco en una línea sauria y glutinosa. Forcejeaba y sudaba entre las zarzas. Sus perros le mordían las orejas y lo acorralaban en rabiosa acometida. Una iguana o un enorme sapo se escurría por entre sus brazos y sus cabellos, asustando los perros, que luego los perseguían ladrando. Sonriente y embriagado de goce y energía, saltaba Miguel anchas zanjas. Columpiábase de gruesas ramas, trozándolas. Cogía frutos desconocidos, probándolos y llenándose la boca de jugos verdes y amarillos cuyo olor le hacía estornudar largo tiempo. Agarró una panguana tierna, de luciente plumaje zahonado, arisca y un poco brava, que luego se le escapó, aprovechando una caida de Miguel al saltar un barranco jabonoso. Iba como impulsado por un vértigo de locura. Al entrar en los puros dominios de la naturaleza, parecía moverse en un retozo exclusivamente zoológico.
oooooooooo
Llegó el rumor de una catarata entre los ladridos de los perros. Uno de los hombres dijo:
- Ya estamos cerca...
El sol había aparecido. El cielo se despejaba. Me asomé al borde de la vertiente. En un fondo profundo, formado por dos acantilados, veíase una espesura de hojas envainadoras y cortantes, de la que partía un ruido cascajoso y seco.
- Aquel es el carrizo...
- Ese. Ese mismo.
- Ya vamos a llegar...
ooooooooooooo
El viento vino pesado y un tanto sordo. Un soplo astringente nos dio en las narices y en los ojos. Era el aroma del cañaveral sagrado. La atmósfera subía de presión y calentábase más y más. Bochorno. En algunos recodos y quebradas el aire empezaba a morir, ahogándose de sol.
oooooooooooo
Sorprendimos en una de estas quebradas, al doblar la pendiente de un meandro, a Miguel. Arqueado en cuatro pies, tomaba agua de un chorro recóndito y azul, entre matorrales. Junto a los labios del amo, Rana tenía sumergido el hocico. La lengua granate de Bisonte hería la linfa, azotándola. Bajo el agua, ondulaba su baba viscosa. La pupilas del mozo y las de sus perros, al beber, se duplicaban y centuplicaban de cristal en cristal, de marco en marco, entre la doble frontera natural de la onda y de los ojos.
ooooooooooooooo
Extraña anatomía la de Miguel, bebiendo en cuatro pies el agua de la herbosa montaña... Muchas veces le vi así, saboreando las lágrimas rientes de la tierra. Trazaba entonces una figura monstruosa, una imagen que expresaba, acaso justificándola, el tenor de su naturaleza, su espíritu terráqueo, su inclinación al suelo. Sediento y comido por los ardores de la sangre, Miguel doblaba los pedestales ilíacos y extendía los brazos hacia adelante, hasta dar las manos en tierra. En esa actitud se extasiaba largo tiempo, sorbiendo a ojos cerrados el agua fría. Violentándose a tal ademán, las manos en un rol de nuevos pies, asentado en la tierra por medio de dos órdenes de columnas, Miguel modelaba la línea victoriosa de los arcos. Miguel hacía así el signo de todo lo que sale de la tierra por las plantas, para tornar a ella por las manos...
* * *

(1) "Más allá de la vida y de la muerte"
(2) “Homenaje Internacional a César Vallejo”. Visión del Perú 4. Lima, 1969.
(3) Este cuento, El pajarillo blanco, daría pie a la obra teatral Peter Pan y Wendy (1905).

(4) *Omisión de algún nombre en la edición Moncloa 1967. No he podido revisar otra posible edición.
Víctor Hugo Velázquez Cabrera

Respuesta al drama Sangre como flores,

LLANTO DEL SIGLO POR
FEDERICO GARCIA LORCA

Esa noche en que el viento o el olvido
cortaba con sus filos tu memoria
acaso viste dibujarse un rostro:
tu gesto moro, tu perfil gitano...
No lo reconociste:
entre los juncos y la baja tarde
¡qué raro que te llames Federico!

Pero, vega florida,
oooooooooooes decir valle y cielo,
se bebieron tus ojos ...
alfanjes de la noche eran los ríos
teñidos con la sangre de las flores:
tus adelfas, tus nardos,
oooooooooooootu corazón dolido,
y hasta la buena luna
-que abría sus corolas por mirarte.

Despertaste a la sombra de un olivo
junto a las madreselvas pensativas.
Entre el aire y la tierra alumbró tu alma.

(Abandonado en roja duermevela
candelas fue tu pecho entristecido
mientras eras perfume de la tarde.)
atuq az-zâlab

El mundo de JM Arguedas: lecturas al paso

Arguedas va incubando esa magnífica sagade la
vida nacional: El zorro de arriba y el zorro de abajo.
Por fin le vemos la cara muy de cerca a nuestro
hombre de las sombras: Ciriaco Moncada, el zambo
chimbotano comedor de maderas y plumas que
pasea su locura –tan lúcida- por nuestros ojos.
Su voz estentórea tiene ya los gestos de la trágica
Casandra, y penderá sobre nuestras cabezas para siempre.

1: Cronwell Jara
"Mientras Luis Fernando Vidal deja su póstuma visión en Sahumerio, y Miguel Gutiérrez vuelve a la vida los fantasmones de Hombres de camino, Cronwell Jara entra de bruces en las entrañas de la negritud: Babá Osaim, cimarrón, ora por la santa muerta, es un libro de iniciación y abadía, de neófitos y santos: Barranzuela es un rey negro de la nada en la amazonía. Ogotommeli es un gramático cazador y ciego. Babalú-Ayé compite con Jesucristo por el uwengue, entendimiento sabio del pensamiento y la naturaleza elementales del mundo. Martín de Porras nos habla desde su infancia. Rosa de Lima muere y la llora Osaim el leproso. Fraicico es el mismo esclavo zambo que deslumbró a Francisco de Goya y Lucientes... La prosa de Jara es un río de árboles y serpientes. Las palabras son raíces y ramas. Los verbos, cortaderas. Los nombres se desnombran y se tiñen de otros sentidos: la piedra es hombre, el hombre es río, el río es viento, el viento, tiempo. En ese tiempo se sumerge el odio. En ese tiempo se desteje la trama del amor. Y acabamos asombrados con el sabor del barro y de la arena en las bocas sedientas …"
Nosotros, los negros
Historia y Cultura 25
VH. Velázquez Cabrera

VII. JM Arguedas: homenaje debido

ELEGÍA DE LAS PIEDRAS
(Rumi-kunap willa-hayllin)
"Toqué las piedras con mis manos;
seguí la línea ondulante,
imprevisible como la de los ríos,
en que se juntan los bloques de roca.
En el silencio, el muro parecía vivo,
sobre la palma de mis manos llameaba
la juntura de piedras... bullía...
-Puktiq yawar rumi!- exclamé:
-¡piedra de sangre hirviente!"
LOS RÍOS PROFUNDOS
a Benjamín y a Héctor, en qué ríos...
oooooooooooooooooooooo
Desde el sílice antiguo, innumerable,
el que frotan los vientos
oooooooooooodel inicio del tiempo,
el que lamen la lluvia y los meteoros,
el que sombrío alcanza
oooooooooooosus escamas al sol,
vienen la rocas vivas
cumpliendo su goteo,
oooooooooooosu desgrane de sal,
su silenciosa entrega en los torrentes,
ooooooooooooen los riscos sin sol,
en la tiniebla densa de las tardes
que han sido y que serán por los jamases
más lineales que nunca entre los mundos
que navegan en silente derrota...

Desde antiguo amanecen y se acercan
ooooooooal cielo perforado y sostenido
por el canto sutil de la calandria
o se abisman en gozo dolorido
hacia las aguas vivas
oooooooodel proceloso mar,
o a la maraña densa de las grutas
que lloran sus cristales en la entraña
más viva aún que el latido del día,
oooofirmes en su puntual asimetría
de secretos espejos que gobiernan
la concreción simétrica del mundo...
sueltas en su apagado, humilde curso
del agua que acaricia, transparente,
la más humilde aún
oooooooooooooocama de guijas
-colorida y traslúcida-
oooooodel arroyo sutil
oooooooooooopretioso ed casto...

O firme y suelta a la vez
ooooooooooooen la candente
lava que baja airada la montaña
para grabar los vientos nunca escritos
en la blanda arboleda o en el alma...
Discreta y grávida
oooooooooooooolágrima de tierra
que forma en su dolor simple ladera
de magma visceral de la montaña,
donde muere de sed el pedernal
oooooooooooooooen el torrente
que trisca dulce el pez en la corriente...

Galga de peñascal o simple canto
rodado de las playas de granalla,
peña fundamental que alza su aguja
para enhebrar jirones del ocaso...
ooooo recuesta su mole delicada
en sustratos de lajas de pizarra:
oooocenicienta, labrada y dúctil piedra
horadada de lluvias y de ausencias...

Y también esa piedra cristalina
que alumbra en las entrañas de los cerros:
ooooooocarbunclo, corindón, rubí, zafiro
o jacinto, esmeralda... y la turquesa,
ooooque nos miden la vanidad humana...

O sus formas opacas: piedra ciega,
piedra de alumbre, piedra de amolar,
ooooooooooooooopiedra bornera,
y aún la simple piedra negra del latino
para marca luctuosa, o piedra blanca
para gloria del día y del poeta
ooooooooooooque en ellas tropezó,
o la piedra de Sísifo, en regreso
antes de este poema y aún después
oooooode su último verso, volvedora...

O la piedra sagrada que acumula
la apacheta en las cumbres solitarias,
la clavada de sol en los misterios
de los ríos secretos, memoriales
del lanzón y la clava primordiales,
la estela que fue mesa y es la puerta
festonada de báculos, serpientes
ooofelínicas tascadas y emplumadas...

(O aquella laja plana, la inocente
que se mancha de sangre en un ocaso
y acaba triturando
oooooooootodo este vasto imperio...)

Y la piedra bezoar
oooooooque anula los tormentos
y la piedra lunar
oooooooque trajo el hipogrifo
y la piedra basal del edificio
y el cálculo que hiere nuestras vísceras
o funda con los dedos nuestra ciencia...

Y la piedra rural que corta ombligos,
o aquella de la ira,
oooooooooola que silba en los aires,
o la triple y tiznada de la tullpa...
La de golpearse el pecho del hipócrita,
la que cae de la mano arrepentida,
la de manar las aguas del desierto
o la que llora sangre, la cansada...

La de espuma de mar, esa que enciende
ooooooel frío del marino en la alta noche
y la piedra angular con que sustento
oooooola virtud y potencia de una idea...
Y aún la del atanor, aquella alquímica
ooooooooooooooopiedra filosofal
que cambia al hombre en hombre,
y la que trae al alma -ya en secreto-
la caricia del junco: el chuculungo,
oooesa multicolor con la que el padre
da calma a la tristeza
oooodel hijo rezagado en los arroyos...

Todas ellas,
oooooocomo en cita de amor,
todas juntas en la unánime forma
del paisaje,
oooodel de afuera
ooooooooo-y acaso más adentro-
sustentando en columnas,
en pilares secretos, los cimientos
de este mundo errabundo, torbellino
trocado en piedra inerte por los cielos,
que llamamos amor
ooooooooopara sentir que amamos...

Piedra de soledad, mudo recado
del que pone su piedra -blanca o negra-
para marcar sus días,
oooooooooooolindar sus sentimientos,
mojonar el dolor, pircar el gozo,
honorar el honor, datar la ausencia
ooooooooooocon losa sepulcral...
y aún la romana y cruel,
ooooque lapidaria juzga y ejecuta...

Todas,
todas están regidas por la fuerza
de la única magia verdadera:
il amore che muove
oooooooil sole ed l'altre stelle...


¿Y todo lo que es, será y ha sido
ooopiedra de amor... ha de tornarse
oooen la huidiza arena del olvido...?
ooo... ... ...
Piedra de amor... arena del olvido?
oooo(Para marcar tan frágil episodio
oooo kaypim sunqullay... huq rumi hinallam...
he aquí mi corazón... como otra piedra.)

3 de marzo, a 2011, atuq az-zâlab vh